El acuerdo provisional alcanzado entre Estados Unidos e Irán tras cerca de 100 días de conflicto ha generado expectativas de alivio para el transporte marítimo internacional, especialmente por contemplar la reapertura gradual del Estrecho de Ormuz, una vía estratégica por donde transita aproximadamente el 20% del petróleo mundial, el 20% del gas natural licuado (GNL) y el 30% del gas licuado de petróleo (GLP). Sin embargo, pese a la reacción positiva de los mercados, persisten numerosas interrogantes sobre su implementación efectiva y su capacidad para transformarse en una solución duradera.
El marco acordado contempla el levantamiento del bloqueo del Estrecho de Ormuz dentro de los 30 días posteriores a la firma prevista en Suiza el 19 de junio, así como un período de 60 días destinado a preparar negociaciones para un acuerdo de paz definitivo. También incluye el fin de los bloqueos marítimos sobre puertos iraníes, una moratoria temporal a nuevas sanciones estadounidenses y la liberación de activos iraníes congelados por unos US$24.000 millones.
No obstante, la falta de claridad sobre los términos concretos del acuerdo ha alimentado la cautela. Según diversas fuentes citadas por analistas del sector, ni Washington ni Teherán han presentado públicamente el texto definitivo. Además, existen versiones contradictorias respecto a aspectos clave, como el cobro de tarifas a los buques que crucen Ormuz, la vigencia real del bloqueo estadounidense y el grado de compromiso de Israel con el entendimiento alcanzado.
Drewry advirtió que el acuerdo constituye más bien una “pausa estratégica” que una solución definitiva. Entre los asuntos sin resolver figuran el futuro del programa nuclear iraní, los riesgos de escalada regional y la dependencia de mediadores externos como Qatar, Pakistán, Egipto y Turquía para sostener el diálogo entre ambas partes.
Uno de los efectos más inmediatos podría registrarse en el mercado asegurador. Drewry estima que las compañías de seguros comenzarán a regresar gradualmente al mercado, favorecidas por el período de tregua de 60 días. Sin embargo, las coberturas seguirán incorporando primas de riesgo de guerra en la zona debido a la persistente inestabilidad regional.
La consultora señaló que la reapertura de Ormuz y la flexibilización de los bloqueos portuarios permitirán mejorar la previsibilidad de los itinerarios en la zona de conflicto y reducir el riesgo de interrupciones inmediatas. No obstante, los recientes ataques contra embarcaciones obligarán a las navieras a revisar sus estrategias de cobertura P&I, la protección de las tripulaciones y las cláusulas contractuales aplicables a operaciones en zonas de conflicto.
En el sector portacontenedor, las líneas navieras mantienen una actitud prudente. Drewry destacó que, pese al anuncio del acuerdo, apenas se han observado movimientos limitados de buques en la zona y muchas naves continúan navegando con sus sistemas de identificación (AIS) apagados.
El analista Lars Jensen sostuvo que la principal interrogante para el sector es cuándo se podría retomar el tránsito por el Mar Rojo y el Canal de Suez. De concretarse ese escenario, las rutas entre Asia y Europa se acortarían significativamente, liberando capacidad adicional en la flota globall. Según Jensen, un retorno prematuro a Suez podría incrementar la oferta disponible en pocas semanas y poner fin rápidamente al actual fortalecimiento de las tarifas de flete.
El sector de graneles sólidos también podría beneficiarse de la reapertura de Ormuz. Durante el conflicto, el cierre de la vía obligó a desviar importaciones de granos hacia puertos alternativos que carecen de infraestructura especializada, afectando especialmente a una región que depende de importaciones para cerca del 90% de su consumo alimentario.
De acuerdo con Bloomberg, las importaciones de granos hacia la región cayeron más de un 50% interanual en mayo. Alexis Ellender, analista de Kpler, señaló que actualmente transitan apenas tres buques graneleros diarios por la zona, frente a más de veinte en condiciones normales. La reapertura permitiría restablecer gradualmente los flujos hacia puertos equipados con silos y terminales especializadas, aunque expertos advierten que la acumulación de buques y la necesidad de reabastecimiento podrían generar congestión e ineficiencias logísticas en el corto plazo.
El sector tanquero aparece como el segmento más afectado por el cierre de Ormuz y, posiblemente, el más lento en regresar a la normalidad. BRS Tanker prevé una recuperación gradual debido a la presencia confirmada de minas en la zona y a la utilización inicial de corredores de navegación limitados.
La consultora estima que, si el acuerdo se firma y se mantiene vigente, el tránsito marítimo podría tardar entre cuatro y cinco meses en normalizarse completamente. Los armadores de grandes tanqueros VLCC, particularmente expuestos al cierre del estrecho, han optado hasta ahora por una estrategia de “esperar y observar” antes de enviar nuevamente sus buques al Golfo Pérsico.





