El lunes, el Presidente de EE. UU., Donald Trump, determinó que los compromisos de los gobiernos de Canadá y México para mejorar los controles fronterizos –algunos de los cuales aparentemente ya se habían prometido la semana pasada– eran una mejora suficiente como para suspender los aranceles y restricciones durante un mes, plazo a cuyo fin se evaluará la eficacia de estas medidas. La suspensión también significó la suspensión de los aranceles de represalia previstos por Canadá y México, aunque los aranceles y restricciones estadounidenses sobre China se mantienen vigentes.
De acuerdo con el analista jefe de Freightos, Judah Levine, las amenazas arancelarias de Trump sacudieron a países, mercados e industrias, y muchos analistas proyectaron aumentos en los precios finales para los consumidores, desaceleración del crecimiento económico y perturbaciones significativas en el comercio. Sin embargo, al menos por un mes, las empresas y los consumidores podrán respirar aliviados.
No obstante, existe preocupación sobre cuán impredecible y disruptiva puede resultar esta segunda administración Trump.
En ese sentido, es necesario comprender que los aranceles de esta semana se implementarían a través de la aplicación de la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional (IEEPA) que es una facultad del Presidente de EE. UU. En cambio, los aranceles ordinarios –presumiblemente como el arancel propuesto del 60% sobre las importaciones chinas destinado a los desequilibrios comerciales– probablemente solo se aplicarán después de que se finalicen las recomendaciones del Representante Comercial de Estados Unidos en abril, como se solicitó en el memorando de política comercial del primer día de Trump. Si ese es el caso, el gran aumento potencial al 60% podría darse recién en mayo o más tarde.





