la importancia de los acuerdos comerciales y los mercados externos
Lic.
Gary Rodríguez Alvarez
El consejo editor de "Comercio Exterior", en cumplimiento del compromiso institucional de informar sobre la realidad de las exportaciones nacionales, y de consolidar los esfuerzos realizados en el pasado para incrementar su valor, ha decidido dedicar la presente edición para proponer ciertas líneas de acción al nuevo Gobierno de la Republica de Bolivia, dentro de una estrategia dirigida a la preservación, mejoramiento y ampliación de los mercados para nuestros productos de exportación. Esta edición especial se enmarca dentro del Proyecto 1B del Programa de Cooperación Comercial a Bolivia (PCC) que apoya la Secretaría de Estado de Economía (SECO) de la confederación Suiza, y que lleva adelante el IBCE desde el año 2004.
Según el Centro de Comercio Internacional UNCTAD/OMC, existen el mundo globalizado en que vivimos, más de 50.000 tratados y acuerdos internacionales, de los cuales 600 cubren aspectos del comercio multilateral. Todos y cada uno de estos acuerdos suscritos entre las naciones tienen objetivos específicos en lo concerniente al comercio, y los países se esfuerzan al máximo para llevar adelante negociaciones que les reporten los mayores beneficios de acceso, al mismo tiempo que defienden sus sectores productivos más sensibles, y diseñan políticas que les permita ser más competitivos, o en su defecto, los lleve a una reconversión planificada, no traumática.
Estadísticamente ha podido ser comprobado que los países lideres de exportación son aquellos que han implementado la mayor cantidad de acuerdos importantes en materia de comercio, brindando así un marco jurídico sólida para esta actividad. En consecuencia, son respetuosos de su aplicación y aceptan, en caso de controversia, los dictámenes de los Tribunales de Arbitraje correspondientes. Las negociaciones de uno u otro Tratado Comercial nunca suelen ser iguales, ya que los actores son diferentes, la complementariedad económica entre los países variará, ect., pero habrá algo que es indispensable, y es el saber negociar y respetar tales Acuerdos, tanto durante las negociaciones como durante la vigencia de los mismos. Está dicho, además, que el comercio internacional, un país no obtendrá lo que crea merecer, sino lo que pueda ganar en las mesas de negociación.
La integración comercial es un impredecible proceso que se construye lentamente, pudiendo demorar décadas, o pocos años, dependiendo de la voluntad política de los actores, aunque un buen clima de crecimiento económico suele acelerar estos procesos debido al optimismo que suele reinar. Procesos de integración como la Unión Europea van profundizando sistemáticamente sus alcances, y otros, como la Comunidad Andina o el MERCOSUR, avanzan y retroceden continuamente, llegando a estancarse en un clima de indefiniciones, incumplimientos y amenazas de abandono.
Bolivia siempre se ha caracterizado por su disposición integracionista, siendo en la región miembro fundador de casi todos los procesos de integración, al haber firmado la mayoría de los Convenios internacionales, tanto de índole comercial, como de otro orden. La integración ofrece oportunidades para el crecimiento, pues permite mayor estabilidad en los intercambios comerciales, incentivando la especialización de la producción nacional para exportar a estos mercados, generando mayores fuentes de empleo a través del aumento de las exportaciones.
Sin embargo, un Acuerdo Comercial por si solo no significa mucho, si es que no se acompaña la apertura con adecuadas políticas publicas para se aprovechamiento. Ningún Tratado sustituirá a una Estrategia de Desarrollo, pero bien podría ser el baluarte de la misma. En realidad, no basta con negociar y firmar un Acuerdo -como ha venido ocurriendo en Bolivia aún siendo éste el mejor logrado, si es que el Estado no acompaña la apertura comercial de orden ofensivo (conquista de mercados) y defensivo (salvaguardia del mercado interno).
La historia muestra que la apertura boliviana no se ha visto recompensada adecuadamente, siendo variados los responsables de ello, desde los países desarrollados que no permiten que nuestros productos agrícolas lleguen a sus mercados a competir sin subsidios, hasta los gobiernos nacionales que han librado a su suerte a los productores nacionales que han librado a su suerte a los productores nacionales, sin brindarles las mínimas condiciones para incrementar sus rendimientos y así bajar costos. Mas bien, a la inversa, mientras en los países ricos se entrega dinero a los productores, en Bolivia los productores tienen que sufragar los costes de un Estado ineficiente.
Un aspecto importante en relación al Estado, es su responsabilidad de cumplir con los Acuerdos Comerciales suscritos por el país y precautelar los mercados preferenciales, haciendo prevalecer los derechos estipulados, exigiendo su cumplimiento sin dilación, para lo que la institucionalidad debe ser respetada. En esta edición de Comercio Exterior se presentan algunas acciones que debería seguirse en virtud de cada uno de los Acuerdos que en materia comercial y en ámbitos conexos, han sido firmados por Bolivia.
Bolivia cuenta con una envidiable dotación de recursos naturales; su población es trabajadora y hábil; cuenta con sus preferencias arancelarias para acceder con miles de productos a mercados externos abiertos; sin embargo, algo está fallando porque a diferencias de otros países, su aprovechamiento no ha sido esperado. Por tanto, el Gobierno debe priorizar acciones para incrementar las exportaciones, vigilando constantemente los Acuerdos firmados, defendiendo los mercados ganados, y promocionando la producción nacional allí donde haya posibilidades para hacer negocios. Las exportaciones son fuente generadora de empleo, bienestar y nos deberían acercar al inclaudicable objetivo de disminuir la pobreza en el país, dignificando el trabajo y vendiendo al mundo productos hechos por manos bolivianas.
EL ROL ACTUAL DE LA ALADI EN EL PROCESO DE INTEGRACIÓN
Me complazco particularmente en participar en esta edición especial de “Comercio Exterior”, publicación del Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE), de larga y fructífera trayectoria al servicio de los intereses comerciales de Bolivia, país miembro de la ALADI y de activa participación en su historia, que festejó el pasado año los primeros 25 años de la suscripción del Tratado de Montevideo de 1980 (TM80). Me ha parecido importante destacar algunos aspectos recientes de la vida de nuestra Asociación que considero relevantes para los lectores de “Comercio Exterior”.
La ALADI tiene hoy un activo considerable, en particular el referido a la integración comercial, que se sustenta en una amplia red de acuerdos bilaterales y plurilaterales que involucran a los 12 países miembros. Esta red de acuerdos se encuentra en un permanente proceso de expansión y perfeccionamiento que se refleja en los 13 Acuerdos de Libre Comercio (ALC) que cubren las relaciones de la mayoría de los países miembros, y en 17 acuerdos de preferencias fijas1 .
De acuerdo a estimaciones realizadas por la Secretaría General, el monto total de las importaciones intrarregionales se ubicará, al finalizar el 2005, en el entorno de los U$S 76.000 millones, lo que representa un record histórico en el intercambio comercial. En 2003 dicha cifra ascendía a U$S 44.900 millones, en circunstancias que en 1980, año de la creación de la ALADI, el comercio intrarregional alcanzó los U$S 12.000 millones2 . Cabe destacar que los ALC dan cuenta del 86% por ciento del total del comercio intrarregional.
No obstante estos avances, dicho patrimonio debe seguir siendo enriquecido para superar los obstáculos y limitaciones existentes y avanzar hacia estadios superiores que permitan a la ALADI aproximarse a su objetivo final. La agenda de trabajo de la Asociación deberá comprender, entre otros, la conversión de acuerdos de preferencias fijas en ALC, la armonización de la multiplicidad de normas y disciplinas comerciales existentes, aumentar la proporción del comercio intrarregional sobre el total de las exportaciones de la región y ampliar la diversificación de las exportaciones a terceros países basadas hoy, principalmente, en productos básicos.
Ciertamente este no es el único activo de la ALADI cuyos esfuerzos se extienden a otras dimensiones, como lo social, cultural, tecnológico, transporte, turismo y otros.
Una mención especial merece la participación de los PMDER en el proceso de integración.
El TM80 estableció el sistema de apoyo a los Países de Menor Desarrollo Económico Relativo (PMDER), Bolivia, Ecuador y Paraguay, como concreción normativa del principio de Tratamientos Diferenciales.
El sistema de apoyo está basado en los principios de la no reciprocidad y de la cooperación comunitaria, los cuales cuentan con dos ámbitos básicos de aplicación: a) el de preferencias económicas y b) el de la cooperación y asistencia técnica a favor de estos países.
Hasta el presente, la aplicación de dicho sistema ha respondido básicamente a una visión comercial de las asimetrías, privilegiando el acceso a los mercados regionales de los productos de los PMDER; en particular, en lo que se refiere al otorgamiento de las preferencias arancelarias que han redundado en un mercado regional libre de aranceles para los productos de los PMDER.
No obstante, lo anterior contrasta con el uso efectivo de dichas preferencias por parte de los PMDER, que en el caso de Paraguay y Ecuador no supera el 8% y en Bolivia no alcanza al 5%. El balance muestra que la integración no logró los beneficios esperados por los PMDER, no por falta de voluntad política o de diseño de un marco jurídico adecuado, sino por la insuficiencia de recursos y de acciones para enfrentar las ya referidas limitaciones impuestas por factores estructurales, de carácter endógeno y exógeno.
lEn este contexto, a través de la Resolución 59 y la Resolución 61 del Consejo de Ministros de la ALADI de octubre de 2004, se establecieron mandatos específicos que complementan el marco normativo existente en la ALADI, amplían el horizonte para el diseño de instrumentos y mecanismos más efectivos, que permitan una mejor inserción de los PMDER en el camino hacia el mercado común.
En tal sentido, en la Resolución 59, partiendo del concepto de asimetrías y del reconocimiento de su existencia, se destaca la importancia de fortalecer el sistema de apoyo como uno de los componentes básicos en el desarrollo del ELC, enfatizando su carácter sistémico, centrado en la profundización de la cooperación con el fin de lograr el aumento de la productividad y la competitividad de las economías de los PMDER.
Por su parte, la Resolución 61, adopta líneas de acción muy específicas, en términos de facilitar el acceso al mercado de los productos de los PMDER, mediante el desarrollo de mecanismos y acuerdos que garanticen la certidumbre y permanencia de las preferencias recibidas por dichos países, la evaluación periódica del sistema de tratamiento preferencial que permita la adopción de medidas en el sentido de adecuar los mecanismos a las necesidades de los PMDER. Éstos incluyen acciones complementarias como la promoción de las exportaciones, la inteligencia comercial, la construcción de imagen país, entre otros.
Asimismo, enfatiza en la necesidad de desarrollar acciones de cooperación concentradas en el fortalecimiento de la competitividad de los PMDER, particularmente aquellas referidas a aspectos productivos y al mejoramiento de la capacidad de comercialización, con énfasis en la micro y pequeña empresa.
Además, se contempla el apoyo a proyectos e iniciativas regionales y subregionales de integración física que favorezcan a los PMDER, así como nuevos acuerdos o acciones en materia de transporte, telecomunicaciones y energía.
Finalmente, se apunta a la profundización de la cooperación técnica y financiera a los PMDER, a través de una mayor articulación de la cooperación de la ALADI con la que reciben dichos países de otras fuentes.
En el marco de los referidos mandatos, el Comité de Representantes y la Secretaría General vienen cumpliendo una serie de actividades para la implementación de los mismos.
El cumplimiento de las Resoluciones emanadas de la decimotercera reunión del Consejo de Ministros deberá considerar, además de las condicionantes propias de la concertación de acuerdos que permitan profundizar y ampliar los avances logrados, los cambios de gobierno que se producirán en varios de los países miembros, las estrategias propias de los esquemas subregionales y la evolución de la economía internacional, que muestra un sesgo favorable para las exportaciones regionales. Al mismo tiempo, se debe considerar la multiplicidad de negociaciones comerciales que van desde la Ronda de Doha de la OMC hasta negociaciones con terceros países para concertar acuerdos de libre comercio.
La ALADI no está ni puede estar ajena a estas realidades. Su evolución hacia estadios superiores se dará en ese contexto y de allí la necesidad de encontrar vías que conduzcan a fortalecer la convergencia, profundizar y ampliar los compromisos comerciales, incorporar los nuevos temas a la agenda regional, e incentivar la participación de los sectores sociales en el proceso. En el marco de esta visión se impulsará el desarrollo tecnológico y profundizará la integración física en las áreas de transporte, infraestructura, energía y telecomunicaciones.
La agenda de trabajo de la Asociación, amplia y compleja, deberá atender metas específicas que permitan, a través de todos sus mecanismos, alcanzar - en su momento- una zona de libre comercio regional como primera etapa hacia la conformación del mercado común.
La multiplicidad de negociaciones y acuerdos suscritos por los países miembros entre ellos y con terceros exige reconsiderar la arquitectura institucional existente en la región. Un primer paso en esa dirección es fortalecer la coordinación interinstitucional entre los organismos de integración y cooperación de la región, preservando su especificidad y ámbito de acción. Para ello se hace imprescindible aunar esfuerzos y recursos, compartir capacidades y experiencias y, de esta forma, mejorar el apoyo a la acción de los países miembros de cada organización.
Finalmente, es necesario afianzar la participación de los distintos sectores económicos y sociales en el proceso de integración y, al mismo tiempo, incorporar la integración regional en las preocupaciones y el quehacer colectivo de cada uno de esos sectores. Particularmente, los sectores empresarial, laboral y académico. Los beneficios y la importancia de la integración regional no son percibidos aún en forma tangible por la población latinoamericana, lo cual no facilita el logro de una identidad regional basada en intereses compartidos.
Todos los esfuerzos que se puedan llevar a cabo con este objetivo serán, de suyo, bienvenidos por el sistema de integración regional.
Finalizo deseando a “Comercio Exterior” una larga vida al servicio del comercio exterior boliviano y, por ende, a la integración regional.
EL GOBIERNO NACIONAL Y LOS ACUERDOS DE INTEGRACIÓN
Para plantear nuestra visión hacia el futuro, especialmente en lo que respecta a la nueva política exterior boliviana, es necesario mirar atrás, ya que sin ese análisis es difícil plantearnos tareas que vayan en bien del país.
Para nadie es un secreto que las medidas unilaterales de apertura indiscriminada de nuestras fronteras que fueron implementadas en el país a partir de 1985 con el D.S. 21060 y la ausencia deliberada de políticas de apoyo a sectores productivos clave para la economía, han llevado a la situación actual, de alta fragilidad económica con amplios sectores empobrecidos, un sector industrial casi nulo, y millones de familias viviendo de ingresos irrisorios generados en el autoempleo en el comercio y la microempresa. Como complemento, se firmaron acuerdos comerciales que no tuvieron en cuenta las reales necesidades del país y en especial de los sectores productivos, eso se refleja en los pobrísimos aprovechamientos de esos acuerdos.
Un país que no diversifica mercados, que no diversifica su producción, que no protege su población, tiene pocas perspectivas de construir una economía fuerte. Consciente de eso, el nuevo gobierno, se ha planteado en el marco del programa de gobierno llamado “Por una Bolivia digna, soberana y productiva, para vivir bien”, una serie de desafíos.
Se trata de generar un nuevo patrón de desarrollo nacional, integral y diversificado, donde el Estado cumple un rol importante como promotor del desarrollo y donde los agentes económicos y las organizaciones sociales son los actores del desarrollo.
En la parte económica, las características son la democratización de la propiedad, el empleo digno y permanente, el acceso equitativo a los medios y recursos productivos y la complementación regional y sectorial. El cambio de la matriz productiva, lo cual permitirá generar empleo e ingreso, así como producción, ahorro e inversión, también la recuperación del mercado interno y la exportación con valor agregado.
El desarrollo productivo con valor agregado es un puntal importante en las nuevas políticas del gobierno, que sustentado en el Banco de Desarrollo y de Tecnologías, permitirán la industrialización de los recursos naturales, la educación para la producción, dinamizar la actividad productiva de sectores, departamentos, regiones y municipios. En este marco, los actores de la matriz productiva son las asociaciones, comunidades y campesinos, las cooperativas y artesanos, así como los empresarios grandes, medianos y pequeños.
Se busca la ampliación del mercado interno, a través especialmente del “Compro Boliviano” como política de Estado y la expansión de la economía nacional. Asimismo, se buscará la ampliación y consolidación de los mercados externos y el fortalecimiento y ampliación de las relaciones económicas internacionales.
Al ser esos los pilares del programa de gobierno, la nueva política exterior boliviana, y más específicamente la política exterior comercial boliviana, contempla que toda integración comercial preserve la soberanía del país y los derechos de las personas, más allá de ser vistos solo como “consumidores” o “productores”, especialmente porque el comercio es un medio, no un fin en si mismo.
Dado que los acuerdos comerciales, cada vez abarcan temas muy sensibles que afectan no solo a los productores exportadores, sino fundamentalmente a los ciudadanos, sus intereses deben ser preservados. Temas tan sensibles, como la salud pública, el derecho al trabajo, a los servicios básicos, deberán ser garantizados por el Estado en los distintos espacios de negociación.
En lo que se refiere a los acuerdos y procesos de integración en los que ya participamos, se priorizará la preservación del acervo comunitario de la Comunidad Andina, especialmente en lo que se refiere a la concreción de la agenda social andina, así como el intercambio comercial y mas específicamente respecto de las exportaciones bolivianas dirigidas a los países de la subregión y finalmente en las relaciones con terceros. Asimismo se priorizará la apertura de otros mercados en otros continentes.
Un tema fundamental este año en la agenda, es la consolidación de la Comunidad Sudamericana de Naciones, que será el espacio donde podamos exponer y liderar nuestra visión de integración, que va más allá del simple intercambio de mercancías.
Además de los acuerdos comerciales, un factor complementario no menos importantes es el de lograr un real acceso y consolidación de los mercados para lograr un efectivo aprovechamiento de los acuerdos comerciales suscritos por Bolivia. Para ello, el rol de CEPROBOL y su Red Externa, conjuntamente la Unidad de alerta temprana juegan un papel importante, por lo que se está trabajando en el fortalecimiento y redimensionamiento de sus funciones, de modo que se adecúe a las necesidades de los actores productivos y las demandas externas.
Actualizado el: 05/Abr/06