
Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, Octubre/2003, Año 12, No. 117
DESPUÉS DE CANCÚN: LA NECESIDAD DE REDOBLAR ESFUERZOS POR EL BIEN DE LOS PAÍSES POBRES
Dr. Supachai Panitchpakdi
Director General
Organización Mundial del Comercio - OMC
El futuro de las cuestiones comerciales que son de gran beneficio para los países en desarrollo, tales como la apertura de los mercados de los productos manufacturados, los servicios y la agricultura, es ahora incierto debido a la falta de acuerdo en Cancún. Es imperioso buscar inmediatamente vías para hacer avanzar el proceso de la OMC y asegurar que los avances obtenidos no sean perdidos.
Los resultados desalentadores de la Conferencia Ministerial que concluyó en Cancún hace un par de semanas tendrán muchas repercusiones, pero lamentablemente la más importante de ellas será su efecto adverso en los países pobres.
Hace dos años, en la capital de Qatar, los Ministros de Comercio de los países Miembros de la OMC acordaron iniciar negociaciones comerciales globales tomando como punto de referencia al denominado Programa de Doha para el Desarrollo, cuyo núcleo central es la cuestión del desarrollo. Actualmente es un hecho ampliamente reconocido que el comercio constituye un elemento de importancia vital en todo programa de desarrollo, puesto que puede proporcionar beneficios a los países en desarrollo de un valor mucho mayor que toda la ayuda para el desarrollo que éstos reciben.
La apertura de los mercados al comercio de productos manufacturados, servicios y agricultura puede proporcionar la clave del crecimiento y el desarrollo económico mundial. Indudablemente, necesitaremos que esta ronda de negociaciones permita obtener resultados equilibrados. Al mismo tiempo, es esencial que las negociaciones permitan obtener a los países en desarrollo más de lo que éstos han recibido como resultado de las rondas comerciales pasadas.
Ya hemos conseguido algunos beneficios para esos países. En los últimos meses, hemos logrado importantes progresos tanto en Ginebra como en Cancún. Alcanzamos un acuerdo histórico el mes pasado sobre el acceso de los países más pobres a los medicamentos esenciales y hemos acordado 28 propuestas que harán extensivo el trato especial y diferenciado a países en desarrollo.
Se presentó también una iniciativa para la eliminación progresiva de las subvenciones al algodón que, lógicamente, recibió un amplio apoyo en la Conferencia Ministerial en Cancún.
Por primera vez, los países más pobres del
mundo participaron activamente en las negociaciones y lograron la inclusión de
sus intereses en el programa sobre el comercio. La propuesta de mejora de la
situación de los productores de algodón de África Occidental no respondía a
las expectativas de los Gobiernos de esa región, sin embargo hay que señalar
que una vez que un tema figura en el programa, este es susceptible de mejora.
Lo mismo puede decirse en relación con los progresos alcanzados en Cancún
sobre la agricultura. Muchos países en desarrollo consideraron que los trabajos
realizados en Cancún habían hecho avanzar las negociaciones en un sentido muy
positivo. Tal vez no se llegó tan lejos como éstos deseaban, pero en un
sistema en el que todas las decisiones se adoptan por consenso, los Miembros
deben ser realistas sobre las inquietudes políticas de todos sus socios
comerciales.
Dado que los Ministros no pudieron alcanzar un acuerdo en Cancún sobre la hoja de ruta que nos permitiera concluir la ronda de negociaciones en el tiempo previsto, es ahora incierto el futuro de muchas de esas cuestiones. Por esas y por otras razones el resultado de esta Conferencia Ministerial constituye una gran decepción. Los Ministros no pudieron alcanzar un acuerdo acerca del inicio de negociaciones sobre los denominados temas de Singapur en relación con el comercio y la inversión, comercio y competencia, transparencia de la contratación pública y facilitación del comercio. El nivel de sensibilidad política oscila ampliamente en lo que respecta a esos temas, pero los Miembros no pudieron alcanzar un acuerdo acerca de ninguno de ellos.
Finalmente, los Ministros no pudieron dar muestras de la flexibilidad y la voluntad política necesarias para salvar los obstáculos que les separaban. Lamentablemente, quienes sufrirán más por su incapacidad de contraer un compromiso son los países más pobres de entre nosotros. Un sistema comercial más abierto y equitativo constituiría para ellos un instrumento importante para aliviar la pobreza e incrementar sus niveles de desarrollo económico.
Si deseamos preservar lo que ya hemos alcanzado, aprovechar esos logros y revitalizar esas negociaciones, los Ministros tendrán que intensificar sus esfuerzos a todos los niveles a fin de encontrar soluciones a los problemas que no pudieron resolver en Cancún.
La lección de Cancún puede ser que cuando los participantes se demoran demasiado en manifestar sus auténticas posiciones, el compromiso se convierte en algo aún más difícil de conseguir. Tal vez necesitamos también trabajar estrechamente con grupos de países y abordar sus inquietudes en una fase más temprana a fin de evitar el endurecimiento innecesario de posiciones que complica el proceso de adopción de decisiones en las conferencias ministeriales.
Por mi parte, mi intención es comenzar inmediatamente a estudiar la forma de hacer avanzar este proceso. Mi compromiso con la Organización y con sus países Miembros es total, y estoy dispuesto a consagrar plenamente mis esfuerzos y los del Secretariado de la OMC a fin de salir de este impase pasajero. Esta ronda es demasiado importante para todos nosotros como para permitir que este retraso nos aleje de nuestro objetivo principal, a saber, el seguimiento de una ronda ambiciosa y equilibrada que permita un mejor acceso a los mercados para todos los países y el establecimiento de normas más equitativas para todos nuestros países Miembros y para los pueblos que esos gobiernos representan.
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COTIZACION DEL DOLAR ESTADOUNIDENSE
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LA OMC DEBE AVANZAR HACIA UNA RELACIÓN DISTINTA, MÁS JUSTA Y EQUITATIVA
Lic. Carlos Saavedra Bruno
MINISTRO DE RELACIONES EXTERIORES Y CULTO
En la V Conferencia Ministerial de la OMC, que se celebró del 10 al 14 de septiembre pasados en Cancún, México, no se logró alcanzar resultados satisfactorios, pese a la oportunidad que significaba que Ministros responsables de las negociaciones comerciales multilaterales de 148 países debatieran durante cinco días sobre el futuro del comercio multilateral.
Básicamente, el objetivo de esta Reunión Ministerial fue la de analizar el estado en el que se encontraban las negociaciones comerciales y acelerar el proceso de la liberalización comercial mundial, con el desafío pendiente de que el comercio se convierta, realmente, en un instrumento del desarrollo. Sin embargo, el tema más controvertido fue el referente a la agricultura, que tiene intereses contrapuestos entre los países desarrollados y los países en desarrollo, que ven afectado su comercio por las políticas y mecanismos que distorsionan el mercado y que son aplicadas por los países desarrollados.
La postura de Bolivia no ha variado en los últimos años. Desde hace tiempo, nuestro país ha apostado por las ventajas de un sistema comercial abierto como el que viene impulsando y normando la Organización Mundial del Comercio. Sin embargo, creemos en el comercio como instrumento de crecimiento económico y de bienestar social.
La economía boliviana ha sido una de las primeras en América del Sur que instrumentó una política económica de apertura unilateral y un proceso de cambio estructural acorde con el modelo de libre mercado. Bolivia ha consolidado todo el universo arancelario de la Organización Mundial del Comercio, no aplica ninguna traba al comercio y sus niveles arancelarios aplicados son muy bajos.
Sin embargo, pese al tiempo transcurrido, pese a los constantes esfuerzos de ajuste, pese a los sacrificios que hemos realizado, los bolivianos y bolivianas no viven mejor que antes de aplicar el modelo de liberalización comercial.
Por el contrario, los hombres y mujeres de nuestro país han visto como, progresivamente, han caído sus ya tradicionalmente modestos niveles de vida, han visto reducidas sus posibilidades de acceder a un empleo estable, a una vivienda más digna o a un futuro mejor.
Por lo tanto, no podemos entender a la economía al margen de sus consecuencias ni al libre comercio distanciado de la situación de los hombres y mujeres de nuestros países. En este sentido, el "Programa de Doha para el Desarrollo", que fue aprobado en la IV Conferencia Ministerial de la OMC en Doha, Katar, el año 2001, fue un paso determinante y estamos absolutamente convencidos que debemos mantener el sentido inicial de ese Mandato, donde el tema de la dimensión del desarrollo siga siendo la orientación central que mueva y motive para llegar a un consenso único en todos los temas.
Con ese espíritu, los países de la OMC debemos ser capaces de que el establecimiento de una relación justa y mutuamente responsable entre los miembros, no se reduzca a los discursos y a las declaraciones de intenciones.
Por ello, es una obligación insistir en una demanda que quizás no es nueva ni original, pero que es imprescindible realizar, sobre todo ahora después de lo sucedido en Cancún: todos los miembros de la OMC deben asumir, a plenitud, el compromiso de liberalización, especialmente en el tema agrícola, con la eliminación de los subsidios a la exportación, una reducción sustancial del apoyo interno y una apertura real de los mercados de los productos agrícolas paralela a la que se otorgue a los productos no agrícolas.
Cada vez resulta más evidente que no podemos exigir a los países en desarrollo que asuman el costo de una liberalización que los países desarrollados eluden. Porque, además, no estamos hablando sólo de solidaridad o de justicia, nos estamos refiriendo, fundamentalmente, a la sostenibilidad del actual sistema económico internacional y a la posibilidad, cada vez más cierta, que los países más pobres colapsemos y estemos condenados a un futuro de absoluta incertidumbre.
Por eso, debo destacar el desafío enorme que plantea el tema agrícola entre los miembros, pero también la certeza de que, sin un consenso en estas negociaciones, no se alcanzará un desarrollo armónico en los demás temas, poniendo en grave riesgo a todo el sistema multilateral de comercio.
Del mismo modo, se debe reiterar la importancia del concepto de trato especial y diferenciado como parte integrante de los acuerdos de la OMC y que debe ser incorporado a las negociaciones en curso.
Millones de personas están esperando que seamos capaces de avanzar, de manera firme, hacia una relación distinta, más justa y equitativa, entre los países del mundo y entre sus economías.
Tras la Reunión Ministerial de Cancún, cada vez es más evidente que un sistema económico y comercial que no esté claramente dirigido a reducir las asimetrías entre las naciones pobres y las ricas es un sistema insostenible, carente de futuro.
Lamentablemente estas consideraciones no fueron evaluadas seriamente por los principales actores del comercio mundial, es decir por los países industrializados, que consideraron que la Reunión Ministerial de Cancún podía ser igual que a anteriores, donde los más desarrollados se ponían de acuerdo y el resto de los países miembros de la OMC estaba dispuesto a aceptar esos compromisos.
Respaldados por el justo reclamo de los ciudadanos y ciudadanas de los países en desarrollo, exigiendo que los beneficios del libre comercio llegue también a sus productores y consumidores, 20 países en desarrollo, entre ellos Bolivia, plantearon la necesidad de que, de una vez por todas, las políticas proteccionistas y distorsionantes del comercio agrícola internacional aplicadas por los países desarrollados, sean modificadas.
La insensibilidad de algunos países industrializados exigiendo mayores sacrificios y esfuerzos a los miembros más débiles del comercio internacional, fue el detonante para que la Reunión Ministerial de Cancún concluya sin resultados concretos.
En Cancún existió la oportunidad de comenzar a cambiar las cosas, pero no fue posible, lo que nos lleva a un reto y desafío extraordinario, pero donde la mayor responsabilidad la tienen los países desarrollados.
Se hace necesario que esta amarga experiencia ayude a reflexionar a las autoridades responsables del comercio exterior, especialmente de los principales actores del sistema multilateral del comercio, para que comprendan la necesidad de materializar las promesas aún incumplidas desde la Ronda Uruguay (1986 - 1994) y para que los grandes esfuerzos realizados por los países en desarrollo en materia económica y de comercio, como en el caso de Bolivia, den sus frutos permitiendo elevar el nivel de vida.
Si bien en Cancún no se lograron los resultados que esperábamos, las negociaciones que continuarán en Ginebra deben llegar a logros concretos para beneficio de los 148 países y no sólo para un pequeño grupo de ellos. El libre comercio en sí no es un objetivo, es sólo un medio para alcanzar el desarrollo de los pueblos.
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EL FRACASO DE CANCÚN, EN SINFÍN DE AMENAZAS, GRANDES OPORTUNIDADES
Dr. Juan Francisco Rojas
Penso
Secretario General
Asociación Latinoamericana de Integración - (ALADI)
El fracaso de la reciente reunión de Cancún ha abierto el juego para comenzar a desentrañar el futuro que le espera a los países latinoamericanos en las negociaciones internacionales en que están participando en la actualidad en forma simultánea. La negativa de los países desarrollados de avanzar en el tratamiento de aquellos temas que son de particular interés para los en vías de desarrollo marca claramente, la pauta de lo que será esperable como resultado de la Ronda de Doha y, por derivación, de las negociaciones que conducirán a la conformación del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA).
Esa ahora realidad, ya imaginable en las etapas preparatorias al encuentro ministerial, puso de relieve la estrategia de los países desarrollados para consolidar su posición dominante en la economía mundial. Al otorgarle prioridad a los denominados temas de Singapur dejando de lado al resto de materias que conforman la agenda de la Ronda, el verdadero postergado resultaba ser el esquema multilateral de comercio, piedra angular del equilibrio requerido por los países en desarrollo para profundizar o, alternativamente, reestructurar su inserción en el sistema económico internacional. Tanto los Estados Unidos como la Unión Europea, en forma permanente, están dando muestras de esa estrategia basada en las parcialidades, las cuales se han manifestado, en el primer caso, en la forma que ha adoptado la negociación del ALCA; en tanto que en el otro, en la manera cómo ha ido expandiéndose y de cómo está encarando, por ejemplo, sus negociaciones con los países latinoamericanos y caribeños.
Otra lección que puede extraerse del ya tristemente célebre cónclave ministerial radica en las reales posibilidades de que dispone sistema de comercio mundial de absorber, simultáneamente, un sinnúmero de compromisos sin que no se verifique un alto grado de incumplimientos. No es secreto para nadie las dificultades que han debido enfrentar los países en desarrollo para instrumentar y asimilar, en su totalidad, los compromisos resultantes de la Ronda Uruguay que, no obstante los esfuerzos desplegados, han derivado en el surgimiento de infinidad de controversias y desavenencias en detrimento de sus intereses comerciales. Lo que sí parecía un secreto, que ya no lo es tanto, es el descuido con que algunos países desarrollados están atendiendo lo pactado en Marrakech en 1994. La aplicación unilateral de medidas proteccionistas y de sistemas arbitrarios para administrar el comercio exterior, así como el incumplimiento de plazos para la internalización de compromisos, constituyen una violación de lo previamente acordado y son ejemplos, mas que fehacientes, de una incapacidad revelada del sistema para obligar por igual a todos los participantes.
La tercera gran lección que podemos extraer de los acontecimientos recientes se inscribe en el ámbito de los escenarios futuros en que habrá de desenvolverse la Ronda Multilateral de Comercio en curso. Tal vez, y dentro de la precariedad de los equilibrios que puedan alcanzarse en los meses venideros en las distintas instancias previstas, o por preverse, los resultados no serán, precisamente, los más convenientes a los países en desarrollo. No cabe duda que la posibilidad de captar nuevas inversiones, facilitar el intercambio comercial, recibir un tratamiento preferencial en las compras del sector público y contar con reglas precisas, aunque teóricas, sobre la competencia constituyen un cuadro por demás atractivo para cualquier país en desarrollo. El problema se presentará en el momento de colocar en un lado de la balanza esos espejismos, en tanto que en el otro las reales aspiraciones de una mejor y mayor inserción en el sistema internacional y, más aún, el renunciamiento a una estrategia de desarrollo sólida, sustentable y coherente que, efectivamente, conduzca al mejoramiento de las condiciones de vida de las poblaciones hoy marginadas y excluidas de ese sistema.
Entonces, no es descartable que la actual Ronda concluya con un resultado relativamente limitado para los países desarrollados a cambio de alguna concesión que aquéllos hagan a favor de los países en desarrollo, pero que no comprenda las reales aspiraciones de estos últimos, especialmente, en lo que se refiere a las expectativas generadas en torno a la liberación del sector agrícola. Ello, igualmente, va a incidir sobre los resultados que se alcancen en las negociaciones que conducirían a la conformación del ALCA.
Por un lado, la estrategia de los Estados Unidos de ir parcelando la negociación a través de la suscripción de acuerdos de carácter bilateral bien con un país o, alternativamente, con grupos subregionales, pareciera indicar que su alcance será menor al previsto originalmente. Por otro lado, en atención a la evolución reciente de las negociaciones, el tratamiento que será concedido a las compras del sector público, al comercio de servicios, a las inversiones y a la propiedad intelectual, así como al sector agrícola, ha sido condicionado a los acuerdos que se alcancen en el ámbito de la Ronda de Doha. En virtud de los frustrantes resultados alcanzados en la reunión de Cancún, es posible extrapolar los efectos que ello acarreará sobre la conformación del ALCA.
Esta nueva realidad que ha emergido de los recientes acontecimientos se presenta frente a los países en desarrollo y, en particular, a los latinoamericanos, como un sinfín de amenazas y, al mismo tiempo, como un nuevo mundo de oportunidades. La interpretación del fenómeno actual, en uno u otro sentido, dependerá casi con exclusividad de la actitud que manifieste América Latina en la velocidad que imprima para consolidar la diversidad de procesos de integración en que se encuentran inmersos sus países.
Los retrasos a nivel multilateral con sus consecuencias en el plano hemisférico están abriendo las puertas para facilitar el tránsito hacia la profundización de la integración regional. Si bien los esfuerzos desplegados por los países latinoamericanos en procura de la misma, todavía distan en mucho de alcanzar los objetivos trazados, han venido progresivamente dando sus frutos. Muestra de ello es que el comercio entre los países miembros de la ALADI ha alcanzado cifras cercanas a los 40 mil millones de dólares, equivalentes a poco menos del 20% del comercio exterior de esos países. Sin embargo, el hecho más significativo es que alrededor del 70% de ese intercambio es de manufacturas que cada vez más se caracterizan por incorporar un mayor grado de complejidad tecnológica sentando, en consecuencia, las bases de una mayor complementariedad productiva.
La oportunidad de la región es preservar y ampliar esos logros. Perderlos, es la amenaza. El desafío es la integración que debe construirse a partir de los acuerdos existentes en la actualidad, pero incorporándole aquellos elementos que han estado ausentes de la mesa de negociación regional. No se trata exclusivamente de incorporar en esos acuerdos aquellos otros temas incluidos, por ejemplo, en los Tratados de Libre Comercio (TLC) suscritos por Chile o México con los Estados Unidos, Canadá o la Unión Europea, sino que habrá de irse más allá.
Los elementos políticos, económicos y
sociales que particularizan a la región latinoamericana exigen que su
integración adquiera unas características tales que, al contrario de lo
sucedido hasta ahora, se transforme en una herramienta efectiva de desarrollo.
Desde la época de la ALALC en 1960, los esfuerzos de integración se han
centrado en la liberación del comercio de bienes y en la instrumentación de
algunas disciplinas para ordenar el intercambio resultante. El caso del Grupo
Andino (hoy Comunidad Anadina - CAN) que desde sus inicios se fijó objetivos
más ambiciosos, ha sido una excepción.
A partir de la suscripción del TLC de América del Norte, a comienzos de la década de los años 90, además de la liberación del comercio de bienes y la adopción de un cuerpo normativo completo para ordenar esa liberación se incorporaron tratamientos relativos al comercio de servicios y las inversiones, así como a la relación del comercio con el medio ambiente y con aspectos laborales. Esa estructura, que es similar a la negociada en el ámbito de la conformación del ALCA, fue modelo para la mayoría de las negociaciones emprendidas por México con los países de la ALADI excluyendo, por cierto, lo relativo a la relación del comercio con el medio ambiente y con las condiciones laborales. Los acuerdos que actualmente negocia el MERCOSUR con los países de la CAN utilizan una estructura similar, aunque los compromisos previstos no alcancen la profundidad de los pactados por México en los acuerdos que ha suscrito.
Esa modalidad de acuerdos, denominada de "nueva generación", conjugada con los concebidos sobre la base exclusiva de la liberación del comercio de bienes y concertados en el marco de apertura unilateral de las economías latinoamericanas explican los resultados positivos que hoy muestra nuestra integración. Sin embargo, esos resultados se han visto contrarrestados por las recurrentes crisis que han debido enfrentar en los últimos tiempos varios de los países de la región, en particular, los del Cono Sur.
A diferencia de lo ocurrido a comienzos de los años 80 como consecuencia de la crisis de la deuda, los efectos de las recientes no provocaron la disolución de los compromisos adquiridos en los acuerdos, sino que, además de generar los efectos mencionados, contribuyeron a la parálisis de las negociaciones tanto para la suscripción de nuevos acuerdos como para la profundización de los ya existentes.
Un análisis más exhaustivo de los resultados alcanzados pone de relieve una serie de falencias que caracteriza los esfuerzos de integración desplegados hasta el presente. Desde el punto de vista del monto, el comercio se incrementó en forma sostenida hasta 1997, a partir de cuando su crecimiento comenzó a ser menos que proporcional registrándose, incluso, una caída. Adicionalmente, el incremento del intercambio comercial solo ha beneficiado a pocos países, lo cual pone en evidencia las asimetrías de desarrollo que persisten entre los países de la región. En cuanto a la estructura de ese comercio, no obstante el alto porcentaje de manufacturas que lo componen, el grado de complejidad tecnológica que llevan implícito es aún muy limitado, lo cual explica el todavía incipiente intercambio intrasectorial que se verifica en la región y, en consecuencia, el hecho que la complementariedad productiva no haya alcanzado niveles más significativos.
Ese breve diagnóstico lleva a repensar la estrategia de integración desarrollada hasta ahora por los países de la región. La liberación del comercio de bienes complementada con las normas que lo ordenan y la cristalización de compromisos sobre otras materias que se vinculan directa e indirectamente con ese comercio, son condición necesaria pero no suficiente para que la integración actúe efectivamente como herramienta de desarrollo.
Aún más, las estrategias de desarrollo, si así pueden calificarse, basadas exclusivamente en los instrumentos que proporciona el mercado, no están conduciendo a superar los problemas de pobreza y exclusión que tradicionalmente han caracterizado a América Latina.
Reestructurar las estrategias de desarrollo en clave de integración implicaría que esta última, además de contemplar todos esos mecanismos orientados a incrementar el comercio y las inversiones, incorpore, en primer lugar, instrumentos para enfrentar conjunta y solidariamente los efectos de la volatilidad financiera recurrentes desde 1999. Su concepción no pasa exclusivamente por el establecimiento coordinado o armonizado de tasas reguladoras al ingreso de capitales, sino que debe combinarse, además, con mecanismos que contribuyan a fomentar el ahorro interno como elemento clave para aportar sustentabilidad financiera a la estrategia.
Ahora bien, estas medidas proporcionarán los resultados esperados si son complementadas con la incorporación de aquellos elementos que se vinculan directamente con el desarrollo productivo, para lo cual el simple estímulo y protección a las inversiones no es suficiente garantía de su radicación. La identificación de cadenas productivas complementada con el desarrollo de programas tecnológicos de carácter plurinacional, en los cuales participen en forma conjunta el sector público, el sector empresarial y el educativo, se convierten en la llave para lograr la competitividad regional.
En el caso particular de nuestra región, otro factor clave lo constituye el desarrollo de la integración física en sus tres vertientes: la infraestructura, la energía y las telecomunicaciones, los cuales constituyen, a su vez, sectores propicios para la captación de inversiones, generación de empleo y creación y asimilación de tecnologías. Con esa orientación se está desarrollando la Iniciativa para la Integración Física de Suramérica (IIRSA) que cuenta con la activa participación de diversos organismos de integración y cooperación de la región, en especial, de la CAF, el BID y el FONPLATA.
Sin embargo, esa estrategia sería incompleta si no es complementada con acciones en los campos de la cultura, la educación y la salud, marcas indelebles de la deuda social que arrastra Latinoamérica. Pruebas de la factibilidad de desarrollar proyectos en estos sectores son las actividades desplegadas por el Convenio Andrés Bello y de las recientemente llevadas a cabo por varios países latinoamericanos para la adquisición conjunta de medicamentos genéricos. Ahí no se agota el camino. La mortalidad infantil, la medicina preventiva, el analfabetismo y el afianzamiento de la identidad cultural, entre otros, tienen que constituirse en terrenos fértiles para el desarrollo de proyectos conjuntos de integración.
El fracaso de la reunión de Cancún con sus consecuentes efectos sobre la negociación para la conformación del ALCA y la aparente postergación de los objetivos perseguidos con la Ronda de Doha posibilitan un giro en la perspectiva de América Latina para mejorar su inserción en la economía internacional. Se abrieron las puertas para revalorizar el papel de la acción conjunta y retomar la ruta del desarrollo contando con la integración como piedra angular para potenciar las capacidades y recursos nacionales.
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LA INTEGRACIÓN REGIONAL DESPUÉS DE CANCÚN
Dr. Guillermo Fernández de
Soto
Secretario General
Comunidad Andina - CAN
Después de la reunión de Cancún de la OMC en septiembre, el sistema multilateral de comercio ha entrado en un período de incertidumbre. Ahora los países tienen el gran reto de encontrar salidas a los diferentes esquemas de liberalización del comercio, si quieren seguir disfrutando de los beneficios que estos les brindan.
De la reunión de Cancún se dicen muchas cosas. La mayoría de los analistas la califican como un fracaso, otros la han presentado como un típico escenario de confrontación norte-sur, otros dicen que fue un empate entre todas las partes, y algunos inclusive la presentan como un triunfo de los países más pobres del planeta y de los grupos antiglobalización.
Lo cierto es que Cancún es un paso intermedio para las negociaciones de Doha, las cuales continúan y siguen vigentes. Si bien la culminación de la Ronda prevista para enero de 2005 está en entredicho, las Misiones diplomáticas en Ginebra continuarán sus deliberaciones y en diciembre de este año en un Consejo General de Alto Nivel definirán los pasos a seguir para intentar que las negociaciones terminen con éxito.
No se puede olvidar que en el pasado ha sucedido algo parecido. En varias oportunidades las negociaciones se han roto pero al final concluyen de manera satisfactoria. Esto sucedió por ejemplo recientemente en la Ronda Uruguay, cuando a comienzos de los 90s. se decía que el GATT no tenía futuro y todos le apostaban a los bloques regionales, pero a mediados de la década todo cambió y no sólo culminaron con éxito las negociaciones multilaterales sino que se creó una nueva institución, la Organización Mundial del Comercio.
Por ello es importante entender qué sucedió verdaderamente en Cancún, pues de esta manera se podrá visualizar qué se puede esperar tanto para el sistema multilateral de comercio como para los procesos de integración regional.
Sería fácil limitarse a decir que Cancún fracasó debido a la falta de consenso en los temas agrícolas, en especial sobre la eliminación de los subsidios. Algunos países no querían desmontarlos, perpetuando las grandes distorsiones al comercio en este tipo de bienes en detrimento de los países exportadores agrícolas, mientras estos últimos impulsaban la idea de su eliminación.
Pero de una lectura cuidadosa de lo sucedido en Cancún se deduce que si bien el tema de los subsidios agrícolas es en el fondo la pieza central de las negociaciones, en realidad las partes, aunque tenían grandes reservas sobre las propuestas planteadas para la reunión, hubieran podido acercarse en sus posiciones y al menos definir unas modalidades para permitir avanzar en la búsqueda de acuerdos en los próximos quince meses.
Lo anterior obliga a dirigir el análisis a los ahora famosos cuatro temas de Singapur que terminaron desatando la ruptura de las negociaciones: comercio e inversiones; transparencia en compras del estado; políticas de competencia y facilitación del comercio.
De un lado, varios países, liderados por la Unión Europea, querían que la OMC iniciara las negociaciones formales en los cuatro temas para incorporarlos a la agenda del sistema multilateral de comercio, aunque al final cedió a que sólo se comenzaran negociaciones en los temas de facilitación de comercio. De otro lado, un grupo de países en desarrollo se opusieron rotundamente a esta iniciativa y no aceptaron la inclusión de ninguno de estos asuntos en las negociaciones de Doha, ni siquiera el de la agilización de trámites aduaneros.
Lo anterior plantea una pregunta de fondo acerca si estas dos posiciones tan radicales estaban fundamentadas en una cuestión de principios de los países, o simplemente era una estrategia negociadora, colocando temas que no eran realmente del interés nacional para poder entregarlos en la mesa de negociación y no ceder en lo verdaderamente importante.
Para responder dicho interrogante, se debe tener en cuenta que si bien los países han mantenido una posición definida en el tiempo y que por ejemplo, la Unión Europea ha insistido desde hace varios años en la necesidad de iniciar negociaciones en el tema de facilitación del comercio, no se puede desconocer que los grandes temas de la liberalización del comercio se encuentran en otros ámbitos y no propiamente en los trámites aduaneros. Lo mismo sucede si se observa el tema desde la otra orilla. No parece existir una razón evidente para que algunos países hayan decidido romper toda la negociación porque simplemente no querían avanzar en negociar documentos aduaneros, aunque asumir compromisos en este ámbito generara altos costos de adecuación de sus autoridades nacionales.
Es más, algunos artículos han expresado que algunos de los países más "duros" en la negociaciones como India y Malasia, han dado a entender que su absoluta oposición frente a los nuevos temas hacía parte de su estrategia negociadora y no necesariamente esa iba a ser su posición final.
Por eso, es posible afirmar que los temas de Singapur eran simplemente la punta de lanza para defender posiciones en otras áreas de la negociación, pero que terminaron afectándola en su integridad.
Lo anterior significa por lo tanto que lo que está en tela de juicio es el esquema de negociaciones al interior de la OMC, tema sobre el cual se han expresado con dureza altos funcionarios de distintos países, por su falta de agilidad, dificultad para la toma de decisiones cruciales y favorecimiento de intereses ocultos.
Además, ahora es evidente que lo que antes se solucionaba con un acuerdo entre los países del Quad (Estados Unidos, Unión Europea, Japón y Canadá), ahora requiere de fórmulas que permitan el consenso entre todos los participantes, no importa el tamaño de sus economías, dándole mayor capacidad de juego a los países menos desarrollados. Algo de esto ya se había vislumbrado en Seattle, donde precisamente por no haber tenido en cuenta a los países en desarrollo en ciertos temas, fracasaron las negociaciones.
La falta de credibilidad en el esquema de negociaciones, sumado a la existencia de enfoques e intereses disímiles entre los actores del comercio internacional en temas críticos como subsidios a la agricultura, propiedad intelectual y protección a las inversiones, ha generado una gran incertidumbre sobre el futuro del sistema multilateral de comercio y plantea serios desafíos.
Es previsible que a raíz de estos acontecimientos los grandes países intensifiquen sus relaciones comerciales a través de acuerdos bilaterales. Así lo han expresado por ejemplo Estados Unidos y la Unión Europea. Además, las negociaciones regionales como el ALCA se verán afectadas, pues dependían de un resultado positivo en la OMC para solucionar algunos temas sensibles como el agrícola.
Por lo tanto, con un sistema multilateral en crisis, con acuerdos como el ALCA debilitados y bajo la presión de lograr acuerdos bilaterales, los países andinos deben entender que para poder superar ese nivel de incertidumbre que hoy existe en el mundo comercial, no tienen otra opción que fortalecer sus mercados naturales y profundizar su esquema de integración regional.
Si no avanzan en esta línea, corren no sólo el riesgo de perder un espacio importante para sus exportaciones, especialmente de manufacturas que son las grandes generadoras de empleo -se calcula que seiscientos mil empleos dependen de ellas en la región-, sino de no encontrar nuevos mercados lo suficientemente abiertos para los productos de su interés.
Sería un error desconocer en estos momentos que las exportaciones de los países andinos dentro de la CAN han crecido 55 veces desde la vigencia del Acuerdo de Cartagena; que en 34 años, los países andinos se han vendido entre sí la suma de 66,518 millones de dólares; que se han logrado avances significativos en temas tan importantes como propiedad intelectual, competencia, energía, servicios, entre muchos otros.
Además, según un estudio del Centro de Comercio Internacional -que contó con el aval de la OMC- existe la posibilidad real de que el comercio intracomunitario crezca en un 50%, durante los próximos años, hasta alcanzar los 9.000 millones de dólares, si los países andinos avanzan con voluntad y sin incumplimientos hacia el Mercado Común. Este incremento permitiría generar unos 300.000 nuevos empleos directos en la región.
En fin, ante los factores de incertidumbre que provienen de un entorno internacional en vilo como el que nos ha dejado la reunión de Cancún, los países andinos se enfrentan al dilema de salir corriendo, cada uno por su lado, sobre la premisa un tanto aventurera de "pescar en río revuelto". O, por el contrario, como lo han hecho los europeos en momentos de dificultad, decidir tomar las riendas de su propio futuro, profundizar el Mercado Común y afianzarse en el principio que ha quedado claramente expresado en la pasada Cumbre Presidencial de Quirama: "Juntos somos más que separados".
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OMC: LA TEORÍA Y LA REALIDAD DEL COMERCIO INTERNACIONAL
Lic. Carlos Calvo Galindo
Presidente
Confederación de Empresarios Privados de Bolivia - CEPB
Hoy en día, aunque con menor énfasis, se propone al libre comercio como el medio que llevará a la sociedad a alcanzar mejores niveles de bienestar. La Organización Mundial de Comercio (OMC) es el organismo a nivel mundial dedicado a impulsar estas políticas. Si bien sus objetivos reflejan estas intenciones, es importante comparar la "teoría" del comercio internacional, los principios de la OMC y la realidad de las actuales coyunturas, para poder verificar la distancia que existe entre éstos.
El comercio internacional basa su importancia en el hecho de que se mejora el bienestar de la población a través del intercambio. De manera general, conceptualmente los países venden aquellos bienes y servicios que producen más eficientemente y, en contrapartida, compran aquellos que producen de manera menos eficiente. Estos preceptos están relacionados con la teoría clásica de las ventajas absolutas y comparativas.
En este marco, son los consumidores los que se benefician directamente de este intercambio, ya que comprarán los bienes a los menores precios posibles, independientemente de su procedencia, y asumiendo además una igualdad en las condiciones de calidad de éstos. Así, el producto importado será adquirido cuando tenga un precio menor al nacional y, al mismo tiempo, se consumirá el producto nacional cuando tenga menores precios que el importado. Se asume que la producción extranjera, con un precio menor, no recibe ningún tipo de ayuda o subsidio del gobierno para tener precios menores y que el producto importado satisface de igual manera al consumidor. Lo importante en esta situación es que el consumidor podrá elegir y discriminar entre los productos que más le convenga adquirir.
Por otro lado, si al producto importado se le aplica un arancel o cualquier traba (i.e., cuotas, medidas para-arancelarias, etc.) que evite la fluidez de este intercambio, ya sea por proteccionismo o por cualquier otra razón, el precio del bien importado subirá haciendo que se genere una presión a incrementos en el nivel de precios al interior del país. Asimismo, el consumidor deberá pagar un precio mayor por un producto, nacional o importado, por el cual hubiera pagado menos si no se hubieran tenido barreras al comercio.
Entonces, bajo las condiciones anteriormente especificadas, el libre comercio es beneficioso para el bienestar del consumidor. Aún más, la competencia entre diferentes productores, independientemente de su origen, hace que se puedan generar mejores productos a menores precios. Una vez más el consumidor y la sociedad estarán mejor.
En la actualidad estos conceptos son reconocidos por una buena cantidad de países del mundo, que - a través de la formación de bloques comerciales (i.e. Can, Mercosur, Unión Europea, Alca, Nafta, etc.) - están tratando de liberalizar cada vez más sus economías para así poder mejorar sus niveles de desarrollo y bienestar.
Sin embargo, si no se tiene conciencia de que lo ideal sería tener un mundo sin fronteras comerciales, se corre el riesgo de que las uniones aduaneras y los bloques comerciales puedan generar efectos negativos como la desviación del comercio. Jacob Viner (1892-1970), destacado economista, distinguió este efecto negativo en el que si las uniones aduaneras y los bloques comerciales se contentan con desmantelar las barreras comerciales entre los partícipes y mantienen o aumentan la protección frente al resto del mundo, pueden desplazar a comerciantes eficientes por suministradores vecinos ineficientes, con la consiguiente reducción del bienestar mundial. La desviación de comercio en una unión aduanera y/o bloque comercial será especialmente perjudicial si impone barreras a los productos de los países pobres, como lo hace la Unión Europea (UE) y EEUU con la agricultura y la industria de los países del Asia, África y Latinoamérica.
Es bueno aclarar que los conceptos anteriormente vertidos son teóricos y que están ligados de una manera muy cercana a los postulados básicos sobre los cuales la Organización Mundial de Comercio (OMC) trabaja.
La OMC es un organismo internacional dedicado a fomentar el desarrollo económico y el bienestar de la población de sus países miembros a través de la apertura de los mercados. El objetivo es ayudar a los productores de bienes y servicios, los exportadores y los importadores a llevar adelante sus actividades. Su principal propósito es asegurar que las corrientes comerciales circulen con la máxima facilidad, previsibilidad y libertad posible. La OMC está compuesta por los gobiernos de los países miembros, por lo que en realidad son los gobiernos los que imponen su voluntad en las decisiones de la OMC. Las normas del sistema de la OMC son acuerdos resultantes de negociaciones celebradas entre los gobiernos de los países miembros y que son ratificadas por sus respectivos parlamentos. Las decisiones adoptadas en la OMC se toman en prácticamente todos los casos por consenso entre todos los miembros.
Los pilares sobre los que descansa este sistema - conocido como sistema multilateral de comercio - son los Acuerdos de la OMC, que establecen las normas jurídicas fundamentales del comercio internacional. Son esencialmente contratos que garantizan a los países miembros importantes derechos en relación con el comercio y que, al mismo tiempo, obligan a los gobiernos a mantener sus políticas comerciales dentro de unos límites convenidos en beneficio detodos. Aunque son negociados y firmados por los gobiernos, los acuerdos tienen por objeto ayudar a los productores y comerciantes de bienes y de servicios a desarrollar sus actividades sin trabas.
Las fricciones comerciales se canalizan a través del mecanismo de solución de diferencias de la OMC, centrado en la interpretación de los acuerdos y compromisos, que tiene por objeto garantizar que las políticas comerciales de los distintos países se ajusten a éstos. De ese modo, se reduce el riesgo de que las controversias desemboquen en conflictos políticos o militares, La única ocasión en que un órgano de la OMC puede tener una influencia directa en la política de un gobierno es cuando, tras someterse una diferencia a la OMC, el Órgano de Solución de Diferencias - integrado por el conjunto de los miembros - formula una resolución. Por lo general, dicho Órgano la formula haciendo suyas las conclusiones de un grupo de expertos o de un informe de apelación.
En cuanto a los aspectos técnicos se refiere, la OMC considera que la mayor libertad de comercio genera un menor costo de vida. Por lo tanto, se trata de eliminar el proteccionismo, ya que éste tiende a aumentar los precios. El sistema mundial de la OMC busca reducir los obstáculos comerciales mediante la negociación y aplica el principio de la no discriminación. El resultado deseado es la disminución de los costos de producción, de los precios de los productos acabados y de los servicios y, en definitiva, del costo de vida.
Según las estimaciones de la OMC, el acuerdo comercial con el que culminó en 1994 la Ronda Uruguay implicó un incremento en la renta mundial comprendido entre $us 109.000 y $us 510.000 millones. Se calcula que reduciendo las barreras arancelarias en agricultura, manufacturas y servicios en una tercera parte se daría a la economía mundial un impulso de $us 613.000 millones, lo que equivaldría a añadir una economía del tamaño de Canadá a la economía mundial.
El flujo comercial también plantea desafíos puesto que enfrenta a los productores nacionales con la competencia de las importaciones. Pero al generarse ingresos adicionales, los gobiernos en teoría pueden disponer de recursos para redistribuir los beneficios obtenidos por aquellos que ganan más, con objeto, por ejemplo, de ayudar a las empresas y a los trabajadores a adaptarse mejorando su productividad y competitividad en su esfera de actividad u orientándose a nuevas actividades.
Se puede observar que existe una relación directa entre la teoría del comercio internacional y los principales postulados de la OMC. Este hecho, sin embargo, no implica que los objetivos de un libre comercio sin barreras, generador de bienestar y desarrollo, sean alcanzados plenamente. Lamentablemente, la realidad en la que los procesos de integración se desenvuelven es totalmente diferente. La confrontación de intereses entre los países desarrollados (PD) y los países en vías de desarrollo (PVD) - miembros de la OMC - es muy grande, ya que se constituyen en una barrera que no permite aplicar los postulados enunciados por la OMC y la teoría. Este es el caso de los subsidios que la UE y EEUU aplican a su sector agropecuario. Por un lado, se permite esta ayuda en los PD y, en contrapartida, los PVD piden un comercio más equitativo sin elementos distorsionadores. Con estos elementos se puede afirmar con certeza que actualmente no existe un comercio igualitario.
En el mundo real, la producción y el comercio agrícolas no están determinados por la ventaja comparativa sino más bien por el acceso comparativo a los subsidios, un área en que los productores de alimentos del mundo industrializado aventajan ampliamente a los del mundo en desarrollo. Lejos de crear condiciones de mercado en que los precios reflejen los costos reales de producción, la remoción de las barreras comerciales distorsiona los mercados manipulando los precios y empujando a los pequeños agricultores de los PVD a una competencia injusta con los sistemas agrícolas de los PD, de gran escala, capital intensivo y enormes subsidios.
Analizando el caso de los cereales, que constituyen la más importante categoría de alimentos comercializados internacionalmente, con ganancias anuales de $us 20.000 millones, EEUU y la UE realizan más de la mitad de todas las exportaciones de trigo y harina de trigo y sólo EEUU realiza más de tres cuartos de todas las exportaciones de maíz. Como los productores de estos países dominan los mercados mundiales de cereales, los precios de sus exportaciones dictan de hecho los precios mundiales de esos productos y, por tanto, los precios contra los que deben competir los productores de los países importadores.
Por lo tanto, los subsidios pagados a los productores estadounidenses y europeos juegan un papel esencial en la determinación del precio de comercialización de los cereales, no sólo en los PD, sino en todo el mundo. Como resultado, el comercio de cereales es gravemente distorsionado en favor de los productores de EEUU y la UE, que pueden enviar sus excedentes a los PVD con sus precios subsidiados. Por ejemplo, el subsidio promedio que recibe un productor estadounidense de trigo para exportación supera 25 veces el ingreso promedio por habitante en los 42 países clasificados por el Banco Mundial como "de bajos ingresos", y más de tres veces el ingreso promedio por habitante de los países de medianos ingresos del sudeste de Asia y América Latina.
Incluso estas cifras no llegan a representar el grado real de distorsión del comercio, dado que los productores de alimentos básicos que deben competir en mercados locales contra las exportaciones de los PD tienen en general ingresos inferiores al promedio nacional.
Todos estos elementos fueron la base para que en la V Reunión Ministerial de la OMC, realizada en Cancún, la negociación en materia agrícola quede estancada y, por ende, la reunión no haya tendido el resultado de consenso esperado. En contrapartida, la postura del Grupo Cairns y del nuevo Grupo de los 21, entre los cuales se encuentra Bolivia conjuntamente otros grandes países productores agropecuarios, se vio reforzada para poner fin a las subvenciones de los PD, que afectan de manera muy contundente al sector agropecuario de los PVD y que, al mismo tiempo, reúne a los pobladores más pobres de estas regiones.
Si bien los principios sobre los cuales la OMC fundamenta su trabajo tienen la mejor intención para con la sociedad, lamentablemente, la realidad, asentada en los intereses económicos de los PD, es totalmente diferente. El rol de la OMC sería mucho más importante si es que podría establecer lineamientos para que sus países miembros realmente crean en que el verdadero libre comercio, incluido especialmente el sector agropecuario, es el más beneficioso para todos. En tanto existan posiciones fuera de estos conceptos de libertad y exista un doble discurso, el número de pobladores que no accedan al beneficio del libre comercio se agrandará. Está aún pendiente reflexionar sobre el verdadero rol que la OMC debería tener en estos temas tan cruciales. Finalmente, las políticas comerciales y de integración de los países deben estar en función a las necesidades de desarrollo que cada una de las naciones tiene.
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APUNTES Y REFLEXIONES DESPUÉS DE CANCÚN
Dr. Isaac Maidana Quisbert
Viceministro de Relaciones Económicas Internacionales
MINISTERIO DE RELACIONES EXTERIORES Y CULTO
La V Conferencia Ministerial de la Organización Mundial del Comercio (OMC), realizada recientemente en Cancún, México, marca un hito en el desarrollo del Sistema Multilateral del Comercio establecido desde el año 1947, en virtud de que, al no haberse logrado resultados concretos que vayan al encuentro de los interese de los Países Miembros, la fisonomía de la OMC entre probablemente en un proceso de transformación.
Este nuevo escenario, demandará un gran esfuerzo negociador, junto a la toma de conciencia de que existen nuevas complejidades políticas, económicas y comerciales muy desafiantes, cuya solución exige flexibilidades y una adecuada administración de los costos beneficios para las partes y para el conjunto mundial. Para una mejor comprensión de lo señalado, veamos algunos antecedentes inmediatos.
Desde la IV Conferencia Ministerial realizada en Doha, donde se instruyó continuar con las negociaciones en agricultura y servicios y se iniciaron negociaciones en acceso a los mercados de productos no agrícolas; normas; comercio y medio ambiente; solución de diferencias y propiedad intelectual, los Países Miembros iniciaron sus debates presentando propuestas conducentes a elaborar métodos y modalidades de negociación en los nueve grupos de negociación, con miras a cumplir con los mandatos de dicha Conferencia
Asimismo, debido al poco avance alcanzado en las reuniones del Comité Especial de Agricultura, los países desarrollados organizaron dos mini cumbres ministeriales en Egipto y en Montreal. Como producto de estas reuniones, la Unión Europea y Estados Unidos decidieron presentar un documento de propuesta que no cumplió con las expectativas, conforme el criterio de los países en desarrollo que son los más afectados.
Ante estos acontecimientos, los países del MERCOSUR ampliado elaboraron un documento de contrapropuesta al presentado conjuntamente por Estados Unidos y la Unión Europea, respecto al comercio de productos agrícolas. Por su parte, países en desarrollo como la India, China, Pakistán, Perú, Venezuela, Guatemala, Costa Rica, Ecuador, entre otros, apoyaron esta iniciativa y de esa forma se conformó el Grupo de los 17, que después tuvo una participación activa en Cancún, siendo presentado como el grupo de los 20.
Dicho documento contiene lineamientos sobre los métodos y modalidades en este tema de negociación, habiendo sido la intención de que el mismo se constituya en un aporte al proceso. Sin embargo, no ocurrió así, los países industrializados mostraron dificultades para abordar el tema, por lo que no se logró avanzar. Ante esta situación, en la Conferencia de Cancún se planteó discutir los temas de Singapur (Comercio e Inversión, Políticas de Competencia, Transparencia en la Contratación Pública y Facilitación de Negocios), temas que son sensibles para los países en desarrollo, particularmente de los países asiáticos donde se destaca la India.
En este marco de complejidades, prácticamente, la Conferencia solo abordó el tratamiento de la agricultura, quedando pendientes los otros temas de negociación. Cabe, entonces, la reflexión de que las decisiones que hubieran sido adoptadas en un marco más amplio y diversificado, habrían permitido encarar los otros temas de negociación y de ese modo favorecer el proceso de fortalecimiento y la profundización de los objetivos del comercio multilateral y por ende la continuación de las negociaciones multilaterales.
En este orden, debemos recordar que los países en desarrollo durante la Ronda Uruguay (1986 -1994) tuvieron que aceptar la apertura de las negociaciones para el comercio de servicios y propiedad intelectual que eran temas de mayor interés de los países desarrollados. Esto fue a cambio del inicio de la reforma de la agricultura, pues no hay que perder de vista que las políticas aplicadas por estos países son las que dificultan el comercio de estos productos, que son los principales bienes de exportación y generación de divisas de los países en desarrollo.
Otra flexibilización que fue necesario realizar ocurrió durante la IV Conferencia Ministerial, en Doha Katar, en el año 2001, cuando los países en desarrollo tuvieron que aceptar el inicio de negociaciones en materia de comercio y medio ambiente, que era de interés de los países desarrollados particularmente de la Unión Europea, para continuar con el proceso de reforma de la agricultura.
Como puede apreciarse, los países en desarrollo han mostrado una verdadera vocación hacia el mantenimiento de la normativa multilateral de comercio, como un instrumento válido para todos los países Miembros de la OMC y así llegar a cumplir con los objetivos y principios del mismo.
Dicha vocación fue manifiesta y evidente por parte de los países en desarrollo en los diferentes ámbitos de la Conferencia de Cancún, en el propósito de buscar resultados concretos ante las barreras proteccionistas de la agricultura aplicada por los países desarrollados, puesto que el crecimiento sustentado de los países en desarrollo dependerá en mucho del acceso a mercados de exportación.
Desde esta perspectiva, los resultados no satisfactorios de Cancún obedecen a la falta de una adecuada flexibilidad y al hecho de condicionar cualquier profundización de esta reforma a la apertura de negociaciones en los llamados temas de Singapur.
Es una hora muy difícil para el sistema multilateral pero aún hay oxígeno suficiente para reencauzar las negociaciones, por ello es muy necesario diseñar inteligentemente una agenda inmediata de trabajo en el marco de los Comités Especiales de la OMC, con miras al avance en los diferentes temas y particularmente en el agrícola, para llegar a un resultado que sea de consenso de todos los Miembros de este Foro Multilateral de Comercio.
En este sentido, la reunión de Cancún es una reunión inconclusa que debe continuar en aras de cumplir con los objetivos planteados en el "Programa de Doha para el Desarrollo".
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Dr. Héctor Campos López
Representante en Bolivia
Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA)
Para entender el proceso que han seguido las negociaciones comerciales internacionales durante las últimas seis décadas, es preciso conocer la forma en que, históricamente han ido evolucionando los diversos mecanismos que se han utilizado para regir las mismas, las cuales desde su inicio han tenido el objetivo de alcanzar una liberalización más amplia del comercio de mercancías, servicios, propiedad intelectual, etc., a nivel mundial.
Desde el año 1946 se reunieron en Ginebra representantes gubernamentales de 50 países con el objetivo de establecer un mecanismo multilateral para regular el comercio internacional.
Acababa de terminar la Segunda Guerra Mundial y muchos de esos países estaban interesados en generar acciones para la liberalización del comercio, a fin de dejar atrás una serie de medidas proteccionistas que ejercían algunos países desde los años 30.
Originalmente la idea era crear una institución que cubriera el campo del comercio en la cooperación económica internacional y que complementara a las dos instituciones creadas en el marco de la reunión de Bretton Woods: El Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional.
El proyecto era el de establecer la Organización Internacional de Comercio (OIC) que además de incluir disciplinas para regular el comercio mundial, contemplaba normas sobre empleo, convenios sobre productos básicos, prácticas comerciales restrictivas, inversiones internacionales y servicios.
La carta para el establecimiento de la OIC fue aprobada en la Habana, Cuba en marzo de 1948, sin embargo, no fue ratificada por los Congresos de varios países incluyendo el de los Estados Unidos de Norte América.
No obstante, 23 de los países promotores de la OIC decidieron adoptar algunas de las normas comerciales incluidas en el proyecto de carta de la OIC, con el objeto de avanzar rápidamente, aún en forma provisional, en el establecimiento de un mecanismo regulatorio principalmente arancelario. De esta manera se implementó el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio, denominado GATT por sus siglas en inglés.
El GATT tuvo un carácter provisional y por tanto limitado en su accionar, sin embargo se constituyó en un instrumento exitoso para avanzar en la liberalización del comercio mundial, a través de la reducción paulatina de aranceles, lo que estimuló la ampliación de los intercambios comerciales y propició el interés de otros países en participar en este mecanismo.
La operación del GATT se dio a través de una serie de rondas de negociaciones comerciales y algunas fueron tomando el nombre del país o de la ciudad donde se iniciaron.
A partir de la primera ronda de negociaciones, fuera de Ginebra, realizada en la Habana, ya en el marco del GATT, se realizaron reuniones en Annecy, Francia en 1949; en Torquay, Reino Unido en 1951; en Ginebra de 1956 a 1967 que incluyeron las Rondas Dillan y Kennedy; la Ronda de Tokio que se desarrolló de 1973 a 1979 y la Ronda Uruguay que se desarrolló de 1986 a 1994.
Esta Ronda Uruguay del GATT ha sido, indudablemente la de mayor importancia de este ciclo iniciado desde el año 1947. De 23 países participantes de la primera Ronda, en 1994 se contaba con 123 Estados participantes. En la misma, durante los siete años y medio de negociaciones se abordaron diversos temas que concluyeron en acuerdos multilaterales sobre el comercio, entre ellos, el de aranceles aduaneros y comercio, textiles y vestido, obstáculos técnicos al comercio, inversiones, inspección previa, normas de origen, trámites de licencia de importación, subvenciones y medidas compensatorias, salvaguardias, comercio de servicios, derechos de propiedad intelectual, solución de diferencias, examen de políticas comerciales, medidas sanitarias y fitosanitarias y agricultura.
Sin duda las negociaciones más intensas se dieron en torno al tema de agricultura. En noviembre de 1992 los Gobiernos de los Estados Unidos y de la Unión Europea se pusieron de acuerdo en la reunión de Blair House para avanzar en estas negociaciones.
Por otro lado, por primera vez se incluye en este tipo de negociaciones el tema de medidas sanitarias y fitosanitarias que juntamente con el tema de subsidios a la agricultura se convertirían en asuntos de relevancia en el futuro del comercio internacional agropecuario.
La Ronda Uruguay del GATT culminó el 15 de abril de 1994 con la firma del Acta de Marrakech que dio lugar al establecimiento de la Organización Mundial del Comercio (OMC), la cual inició su operación en enero de 1995, fecha en la cual entraron en vigencia todos los Acuerdos de la última Ronda de Negociaciones del GATT.
De esta forma la OMC, con la estructura directiva y administrativa establecida quedó encargada de la instrumentación y seguimiento de estos acuerdos, así como del perfeccionamiento de todos los instrumentos tendientes a facilitar el comercio internacional.
El órgano superior de la adopción de decisiones de la OMC es la Conferencia Ministerial que debe reunirse al menos cada dos años. Desde su inicio, se han realizado reuniones de la Conferencia Ministerial en Singapur en 1996; en Ginebra en 1998; en Seattle en 1999; en Doha en 2001 y la última celebrada en Cancún en Septiembre de 2003.
En la Cuarta Conferencia Ministerial de Doha, Qatar, realizada en noviembre de 2001 se acordó establecer el 1ro. de enero de 2005 como fecha límite para concluir todas las negociaciones en marcha, pendientes de resolver en las tres Conferencias Ministeriales previas, incluyendo las negociaciones sobre agricultura.
En la Quinta Conferencia Ministerial de Cancún, celebrada del 10 al 14 de septiembre de 2003 se organizaron cinco grupos de trabajo para tratar de concensuar los grandes temas pendientes: i) Agricultura; ii) Acceso a los mercados para los productos no agrícolas; iii) Cuestiones relativas al desarrollo; iv) Temas de Singapur; y v) Otras cuestiones. Cada grupo contó con un Ministro facilitador nombrado por el Presidente de la Conferencia.
Adicionalmente Benin, Burkina Faso, Chad y Mali presentaron una propuesta para una discusión por separado sobre las subvenciones al algodón que aplican algunos países desarrollados. El facilitador de este grupo fue el Director General de la OMC.
El grupo sobre Agricultura tuvo como facilitador al Ministro de Singapur quien realizó grandes esfuerzos por llegar al consenso de un documento que permitiera avanzar en las negociaciones; no obstante eso no fue posible.
Durante la reunión del grupo sobre Agricultura se destacó la participación de dos grupos de países: el grupo ACP formado por países de África, el Caribe y el Pacífico; y el Grupo de los 21 (G-21) formado mayormente por países Latinoamericanos, al cual se han ido sumando otros países.
Entre los temas discutidos a los que no se pudo llegar a consenso en este grupo figuran principalmente los relativos a las ayudas internas y las subvenciones a la exportación.
La Conferencia de Cancún concluyó con una Comunicación Ministerial de seis puntos, entre los que se solicitó se convoque a una reunión del Consejo General de la OMC para realizarse antes del 15 de diciembre de 2003 y que mientras tanto se continúe trabajando para lograr acuerdos sobre los temas pendientes, entre ellos el tema de agricultura.
De los 23 Estados que iniciaron el GATT en 1947, la OMC cuenta ahora con 146 Estados Miembros y están en proceso de oficializar su incorporación Camboya y Nepal con lo cual la OMC contará con 148 Estados Miembros. Esta gran membresía demuestra el creciente interés de los países, aún de los menos desarrollados, de incorporarse al esquema mundial que tiende a la liberalización del comercio.
Paralelamente se ha avanzado en forma significativa en la instrumentación y desarrollo de acuerdos binacionales y sub-regionales, principalmente en el hemisferio americano, con la tendencia clara de eliminar todo tipo de barreras al comercio internacional.
Indudablemente, un intercambio comercial más amplio es un factor fundamental para la reactivación de la economías de muchos de los países en desarrollo. En especial el intercambio de productos provenientes de la agricultura ampliada es un detonador para organizar y mejorar las economías campesinas que requieren fortalecerse para generar mayores ingresos.
Es innegable que los temas sobre la mesa de discusión de la OMC y otros mecanismos en proceso como el ALCA, sobre subvenciones, ayudas internas y acceso a mercados son fundamentales para una mejor inserción de los países en desarrollo en los mercados internacionales.
Sin embargo no debe dejarse de lado las ventajas comparativas y competitivas que tienen muchos de estos países en temas de calidad ambiental, bajos costos de producción, estacionalidad de la producción y otros. Los temas de calidad, sanidad e inocuidad alimentaria deben ser la base para incrementar y fortalecer el acceso de productos de estos países a los mercados globales.
Un aspecto de primordial importancia es y debe ser el propiciar la socialización de la información sobre la conducción de las negociaciones internacionales a fin de que todos los sectores de la población tengan un conocimiento amplio y de ser posible profundo, sobre los beneficios y retos implicados en la liberalización de los mercados.
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DIEZ MALENTENDIDOS FRECUENTES SOBRE LA OMC
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¿Es la OMC un instrumento dictatorial de los ricos y poderosos?. ¿Destruye empleo? ¿Pasa por alto las preocupaciones relacionadas con la salud, el medio ambiente y el desarrollo? Decididamente, no. Las críticas a la OMC a menudo se basan en malentendidos básicos sobre su funcionamiento. |
Es probable que el debate dure eternamente. Hay distintas opiniones sobre los pros y los contras del Sistema Multilateral de Comercio de la OMC. De hecho, una de las principales razones de la existencia de este sistema es que sirve de foro en el que los países pueden ventilar sus diferencias comerciales. También las personas pueden participar, aunque no de forma directa, sino a través de sus gobiernos.
Sin embargo, es importante que el debate se base en un correcto conocimiento del funcionamiento del sistema. En este folleto se intentan aclarar 10 malentendidos frecuentes.
Los 10 malentendidos son:
01. La OMC dicta las políticas comerciales
02. La OMC aboga por el libre comercio a toda costa
03. Los intereses comerciales tienen prioridad sobre el desarrollo
04. ... y sobre el medio ambiente
05. ... y sobre la salud y la seguridad
06. La OMC destruye empleo y acentúa la pobreza
07. Los países pequeños carecen de poder dentro de la OMC
08. La OMC es el instrumento de poderosos grupos de presión
09. Los países más débiles se ven forzados a adherirse a la OMC
10. La OMC no es antidemocrática
01 La OMC NO les dice a los gobiernos lo que tienen que hacer
La OMC no les dice a los gobiernos cómo han de conducir sus políticas comerciales. Es más, la OMC es una organización impulsada por sus Miembros.
Eso significa que:
o Las normas del sistema de la OMC son acuerdos
resultantes de negociaciones celebradas entre los gobiernos de los países
Miembros;
o Las normas son ratificadas por los parlamentos de los Miembros; y
o Las decisiones adoptadas en la OMC se toman en prácticamente todos los casos
por consenso entre todos los Miembros.
En otras palabras, las decisiones que se adoptan en la OMC han sido negociadas, están sujetas al control necesario y son democráticas.
La única ocasión en que un órgano de la OMC puede tener una influencia directa en la política de un gobierno es cuando, tras someterse una diferencia a la OMC, el Órgano de Solución de Diferencias (integrado por el conjunto de los Miembros) formula una resolución. Por lo general, dicho Órgano la formula haciendo suyas las conclusiones de un grupo de expertos o de un informe de apelación.
Pero incluso en ese caso el alcance de la resolución es limitado: simplemente se trata de un juicio o de una interpretación sobre si un Gobierno ha infringido un Acuerdo de la OMC aceptado por el propio Gobierno infractor. Si un Gobierno infringe un compromiso es preciso que lo cumpla.
En todos los demás respectos, la OMC no ordena a los Gobiernos que adopten o descarten determinadas políticas.
En lo que atañe a la Secretaría de la OMC, ésta se limita a facilitar asistencia administrativa y técnica a la OMC y a sus Miembros.
En realidad, son los gobiernos los que imponen su voluntad a la OMC.
02 La OMC NO aboga por el libre comercio a toda costa
En realidad, todo depende de lo que los países están dispuestos a negociar los unos con los otros, a dar y a recibir, a pedir y a ofrecer.
Sí, es cierto: uno de los principios del sistema de la OMC es que los países reduzcan sus obstáculos al comercio para permitir que las corrientes comerciales fluyan con mayor libertad.
Después de todo, los países se benefician del aumento de los intercambios comerciales que resulta de esa reducción. Pero el nivel exacto al que se deben reducir esos obstáculos es algo que los propios países Miembros negocian entre sí. Su posición negociadora depende de lo dispuestos que estén a reducir esos obstáculos y de lo que quieren obtener a cambio de los otros Miembros. Lo que para un país es una obligación resulta ser un derecho para otro país, y viceversa.
El cometido de la OMC es servir de foro para negociar la liberalización. La Organización aporta además un conjunto de normas sobre el modo de llevar a cabo tal liberalización.
Las normas plasmadas en los acuerdos permiten que los obstáculos se reduzcan de forma gradual, de modo que los productores nacionales puedan adaptarse.
Incluyen disposiciones especiales que tienen en cuenta la situación a la que se enfrentan los países en desarrollo. También establecen cuándo y cómo pueden proteger los gobiernos a sus productores nacionales, por ejemplo de importaciones cuyos precios se consideren injustamente bajos debido a las subvenciones o al "dumping". En este caso, el objetivo es el comercio equitativo. Igual de importantes -o quizás de una importancia incluso mayor- que un comercio más libre son otros principios del sistema de la OMC como la no discriminación y la preocupación por asegurar que las condiciones en que se llevan a cabo los intercambios comerciales sean estables, previsibles y transparentes.
03 La OMC no sólo se preocupa por los intereses comerciales. Estos NO tienen prioridad sobre el desarrollo
Los Acuerdos de la OMC incluyen innumerables disposiciones que toman en consideración los intereses en materia de desarrollo.
El sistema de comercio de la OMC descansa sobre la idea de que un comercio más libre incentiva el crecimiento económico y fomenta el desarrollo. En ese sentido, comercio y desarrollo son mutuamente beneficiosos.
Al mismo tiempo, uno de los temas que se debaten continuamente en la muchas de las disposiciones de los Acuerdos de la OMC. Los países menos adelantados reciben un trato especial, que incluye la exención de numerosas disposiciones.
Las necesidades de desarrollo también se pueden esgrimir para justificar medidas que normalmente no estarían permitidas en virtud de los acuerdos, por ejemplo la concesión de ciertas subvenciones por los gobiernos. Y las negociaciones y los demás trabajos iniciados en la Conferencia Ministerial de Doha, en noviembre de 2001, comprenden muchos temas cuyo examen desean los países en desarrollo.
OMC es precisamente si los países en desarrollo obtienen o no suficientes beneficios de este sistema, lo que no implica que el sistema no ofrezca nada a estos países. Al contrario: los acuerdos incluyen muchas disposiciones importantes que tienen en cuenta específicamente sus intereses.
Los países en desarrollo disponen de un plazo más largo para aplicar muchas de las disposiciones de los Acuerdos de la OMC. Los países menos adelantados reciben un trato especial, que incluye la exención de numerosas disposiciones.
Las necesidades de desarrollo también se pueden esgrimir para justificar medidas que normalmente no estarían permitidas en virtud de los acuerdos, por ejemplo la concesión de ciertas subvenciones por los gobiernos.
Y las negociaciones y los demás trabajos iniciados en la Conferencia Ministerial de Doha, en noviembre de 2001, comprenden muchos temas cuyo examen desean los países en desarrollo.
04 En la OMC los intereses comerciales NO tienen prioridad sobre la protección ambiental
Muchas disposiciones tienen expresamente en cuenta las preocupaciones ambientales.
En el preámbulo del Acuerdo de Marrakech por el que se establece la Organización Mundial del Comercio se citan entre los distintos objetivos la utilización óptima de los recursos mundiales, el desarrollo sostenible y la protección del medio ambiente.
Esta preocupación se plasma en términos más concretos en una serie de disposiciones recogidas en la normativa de la OMC. Entre las más importantes cabe citar las cláusulas genéricas (como el artículo XX del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio) que permiten a los países adoptar medidas destinadas a proteger la salud y la vida de las personas y de los animales o preservar los vegetales y asegurar la conservación de los recursos naturales agotables.
Más allá de los principios de amplio alcance, los acuerdos específicos sobre cuestiones concretas también toman en consideración las preocupaciones ambientales. Así por ejemplo, se permite la concesión de subvenciones para proteger el medio ambiente. Los objetivos ambientales se recogen expresamente en los Acuerdos de la OMC que se ocupan de las normas de productos, la inocuidad de los alimentos, la protección de la propiedad intelectual, etc.
Además, el sistema y sus normas pueden ayudar a los países a asignar recursos limitados de un modo más eficaz y menos derrochador. Así por ejemplo, las negociaciones han entrañado la reducción de las subvenciones industriales y agrícolas, lo que a su vez reduce una sobreproducción no aprovechable.
La resolución de la OMC sobre la diferencia planteada en relación con las importaciones de camarones y la protección de las tortugas marinas ha contribuido a apuntalar esos principios.
Según el informe al respecto, los Miembros de la OMC pueden y deben adoptar, y de hecho adoptan, medidas destinadas a proteger las especies en peligro de extinción y a proteger el medio ambiente de diferentes modos.
Otra resolución ratifica la prohibición de productos que contienen amianto fundándose en que los Acuerdos de la OMC dan a la salud y la seguridad prioridad sobre el comercio.
Lo realmente importante en la normativa de la OMC es que las medidas adoptadas para proteger el medio ambiente no sean desleales. Por ejemplo, no deben ser discriminatorias. Un país no puede mostrarse indulgente con sus propios productores y, al mismo tiempo, estricto cuando se trata de bienes y servicios extranjeros, ni hacer discriminaciones entre los distintos interlocutores comerciales.
Este aspecto también se reforzó en la reciente resolución acerca de la diferencia sobre camarones y tortugas, así como en una anterior relativa a la gasolina.
Igualmente importante es el hecho de que no le corresponde a la OMC establecer las normas internacionales para la protección del medio ambiente.
Ese cometido deben asumirlo los organismos y convenios centrados en el medio ambiente. Es cierto que existe cierto grado de coincidencia entre los acuerdos sobre medio ambiente y la OMC. Nos estamos refiriendo a medidas comerciales (por ejemplo las sanciones o demás restricciones a la importación) adoptadas para asegurar el cumplimiento de un acuerdo. No obstante, hasta la fecha no ha habido conflicto alguno entre los Acuerdos de la OMC y los de las instituciones internacionales que se ocupan del medio ambiente.
05 La OMC NO impone su voluntad a los gobiernos en lo referente a cuestiones tales como la inocuidad de los alimentos o la salud y seguridad de las personas. Una vez más, los intereses comerciales NO prevalecen
Los acuerdos fueron negociados por los gobiernos Miembros de la OMC y reflejan, por consiguiente, sus preocupaciones.
Los acuerdos contienen cláusulas clave (como el artículo XX del GATT) que permiten expresamente a los gobiernos adoptar medidas destinadas a proteger la salud y la vida de las personas y de los animales o preservar los vegetales. Ahora bien, esas medidas están sujetas a ciertas disciplinas para evitar, por ejemplo, que los gobiernos las utilicen como pretexto para proteger a los productores nacionales, lo que constituiría una forma encubierta de proteccionismo.
Algunos de los acuerdos se centran con mayor detalle en las normas de productos y en la salud y la inocuidad de los alimentos y de otros productos de origen animal o vegetal. El objetivo es defender el derecho de los gobiernos de garantizar la seguridad de sus ciudadanos.
A título de ejemplo, una resolución adoptada en el marco de la solución de diferencias en la OMC declaró justificada la prohibición de productos que contienen amianto fundándose en que los Acuerdos de la OMC dan efectivamente a la salud y la seguridad prioridad sobre el comercio.
Al mismo tiempo, los acuerdos también tienen por objeto impedir que los gobiernos establezcan reglamentos arbitrarios que resulten discriminatorios para los bienes y servicios extranjeros.
Se trata de evitar que los reglamentos de seguridad constituyan una forma encubierta de proteccionismo. Esos reglamentos deben basarse en testimonios científicos o en normas internacionalmente reconocidas.
Tampoco en este caso la OMC establece normas por su cuenta. En ocasiones sus acuerdos mencionan otros acuerdos internacionales. Cabe citar como ejemplo el Codex Alimentarius, que establece las normas recomendadas para la inocuidad de los alimentos y que depende de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Sin embargo, no es obligatorio cumplir ni siquiera normas negociadas a nivel internacional como las recogidas en el Codex Alimentarius. Los gobiernos tienen libertad para establecer sus propias normas, siempre que sean compatibles en la manera en que procuran evitar riesgos para la totalidad de los productos, no arbitrarias y no discriminatorias.
06 La OMC NO destruye empleo ni acentúa las diferencias entre ricos y pobres
La acusación es errónea y simplista. El comercio puede ser una fuerza muy poderosa para la creación de empleo y la reducción de la pobreza. De hecho, a menudo eso es precisamente lo que logra. A veces es necesario introducir algunos ajustes para hacer frente a la pérdida de puestos de trabajo, y ahí es donde las cosas son más complejas. En cualquier caso, la alternativa del proteccionismo no es la solución. Conviene fijarse mejor en los detalles.
La relación entre comercio y empleo es compleja. Y también la existente entre comercio e igualdad.
Un comercio más fluido y estable fomenta el crecimiento económico y puede contribuir a crear empleo o a reducir la pobreza y frecuentemente permite hacer ambas cosas a la vez.
El primer beneficiario es el país que reduce sus propios obstáculos al comercio. Aunque no tanto, también salen ganando los países que exportan a éste. En muchos casos, los trabajadores del sector de las exportaciones disfrutan de mejores salarios y de una mayor seguridad en el empleo.
No obstante, es indudable que los productores que antes estaban protegidos y sus trabajadores tienen que hacer frente a la nueva competencia cuando se reducen los obstáculos al comercio. Algunos sobreviven volviéndose más competitivos. Otros no lo logran. Algunos se adaptan rápidamente (por ejemplo, encontrando un nuevo empleo), mientras que otros tardan más tiempo.
Conviene resaltar que algunos países tienen mayor facilidad para adaptarse que otros. Esto se debe en parte a que cuentan con políticas de reajuste máseficaces. Los países que carecen de políticas eficaces están desaprovechando una importante oportunidad, ya que el impulso que el comercio da a la economía crea los recursos que contribuyen a facilitar los reajustes.
La OMC trata de dar solución a estos problemas de diversas maneras. En la OMC la liberalización se efectúa de forma progresiva: los países tienen tiempo para hacer los reajustes necesarios. Además, los acuerdos incluyen disposiciones que permiten a los países adoptar medidas de emergencia contra las importaciones que resulten particularmente perjudiciales, pero con sujeción a disciplinas estrictas.
Al mismo tiempo, hay que recordar que la liberalización emprendida en el marco de la OMC es el resultado de la negociación. Si estiman que son incapaces de llevar a cabo los reajustes necesarios, los países pueden negarse a acceder a las peticiones de apertura de los sectores pertinentes de sus mercados, y de hecho así lo hacen.
Hay además toda una serie de factores ajenos a la responsabilidad de la OMC que explican los cambios que se han producido recientemente en el nivel de los salarios.
Por ejemplo: ¿por qué existe en los países desarrollados una diferencia cada vez mayor entre el salario de los trabajadores calificados y el de los no calificados? Según la OCDE, las importaciones procedentes de países con niveles de salarios bajos sólo provocan entre el 10 y el 20 por ciento de los cambios salariales en los países desarrollados. Gran parte del porcentaje restante es atribuible al "progreso tecnológico que requiere mano de obra adoptando un mayor número de tecnologías que requieren una mano de obra con mayores niveles de formación.
La alternativa al comercio -la protección-resulta cara porque implica un aumento de los costos y fomenta la ineficacia. Según otro cálculo de la OCDE, de aplicarse a las importaciones procedentes de países en desarrollo un tipo arancelario del 30 por ciento, la baja en los Estados Unidos de los salarios de los trabajadores no calificados y de los trabajadores calificados sería, respectivamente, del 1 y del 5 por ciento.
Uno de los daños que puede causar el proteccionismo es la caída de los salarios en el país que aplica esa política.
Al mismo tiempo, el hecho de centrarse en las importaciones de bienes da lugar a una visión distorsionada. En los países desarrollados el 70 por ciento de la actividad económica corresponde al sector de los servicios, donde la repercusión de la competencia exterior sobre el empleo es diferente. Así por ejemplo, si una empresa extranjera de telecomunicaciones empieza a operar en un país, es posible que contrate a trabajadores del lugar.
Por último, si bien es cierto que unos 15.000 millones de personas siguen sumidas en la pobreza, las investigaciones al respecto, entre ellas la del Banco Mundial, han mostrado que la liberalización del comercio ha contribuido a sacar de la miseria a miles de millones de personas desde el final de la segunda guerra mundial. La investigación ha mostrado asimismo que no es cierto que la liberalización haya acentuado las desigualdades.
07 Los países pequeños NO carecen de poder dentro de la OMC
Los países pequeños serían más débiles sin la OMC. La OMC aumenta el poder de negociación de esos países.
En los últimos años los países en desarrollo han participado con cada vez más brío en las negociaciones de la OMC y han presentado un número sin precedentes de propuestas en lasconversaciones sobre la agricultura e intervenido activamente en la preparación de las declaraciones y decisiones ministeriales adoptadas en noviembre de 2001 en Doha, capital de Qatar. El procedimiento conducente a la adopción de éstos ha sido celebrado por ellos. Todo esto es prueba de la confianza que les merece el sistema.
Cabe recordar asimismo que las actuales normas de la OMC son el resultado de negociaciones multilaterales (es decir, negociaciones en las que participaron todos los miembros del GATT, el predecesor de la OMC). Las negociaciones más recientes, las de la Ronda Uruguay (1986 a 1994), únicamente pudieron llegar a buen puerto porque los países desarrollados accedieron a la reforma del comercio de textiles y de la agricultura, dos asuntos de suma importancia para los países en desarrollo.
En resumidas cuentas, en el sistema de comercio de la OMC todos tienen que seguir las mismas reglas. Gracias a eso, en el marco del procedimiento de solución de diferencias de la OMC ciertas medidas adoptadas por países desarrollados han sido denunciadas con éxito por países en desarrollo. Sin la OMC, esos países más pequeños habrían carecido del poder necesario para enfrentar a sus interlocutores comerciales más poderosos.
08 La OMC NO es el instrumento de poderosos grupos de presión
El sistema de la OMC ofrece a los gobiernos un medio para reducir la influencia de una serie de intereses creados muy concretos.
Esa es la consecuencia natural del tipo de negociación conocido como "ronda" (es decir, negociaciones que abarcan un amplio abanico de sectores).
El resultado de una ronda comercial ha de reflejar un equilibrio de intereses. A los gobiernos les puede resultar más fácil rechazar la presión de un determinado grupo de presión alegando que tuvieron que aceptar un acuerdo global en interés del país en su conjunto.
A este respecto, hay otro malentendido en cuanto a la composición de la OMC. La OMC es una organización formada por gobiernos.
El sector privado, las organizaciones no gubernamentales y otros grupos de presión no participan en las actividades de la OMC, salvo en acontecimientos especiales como los seminarios o los simposios.
Por consiguiente, únicamente pueden pesar sobre las decisiones de la OMC a través del respectivo gobierno.
09 Los países más débiles sí pueden optar y NO se ven forzados a adherirse a la OMC
La mayoría de los países estiman efectivamente que es mejor estar dentro del sistema de la OMC que fuera de él. Ese es el motivo por el que la lista de países que negocian su adhesión a la Organización incluye tanto países comerciantes grandes como pequeños.
Las razones son positivas más que negativas: hay que buscarlas en los principios clave de la OMC, tales como la no discriminación y la transparencia.
Gracias a su adhesión a la OMC, incluso un
país pequeño se beneficia automáticamente de las ventajas que todos los
Miembros de la OMC se otorgan mutuamente. Y hay países pequeños que han
derrotado a países ricos en el marco del mecanismo de solución de diferencias,
algo que jamás habrían podido conseguir fuera de la
OMC.
La alternativa sería negociar acuerdos comerciales bilaterales con cada interlocutor comercial, lo que podría implicar incluso la negociación periódica de la renovación de los compromisos a fin de dar a todos los interlocutores comerciales el mismo trato.
Para ello los gobiernos requerirían más recursos, lo que plantearía un grave problema para los países pequeños.
Además, en toda negociación bilateral el país más pequeño es también elmás débil.
Mediante su adhesión a la OMC los países pequeños pueden aumentar igualmente su poder de negociación formando alianzas con otros países que comparten los mismos intereses.
10 La OMC NO es antidemocrática
En la OMC las decisiones suelen adoptarse por consenso. En principio ese sistema es incluso más democrático que el de la votación por mayoría, ya que no permite tomar ninguna decisión hasta que todos estén de acuerdo.
Sería erróneo postular que todos los países tienen el mismo poder de negociación. No obstante, la regla del consenso implica que todos los países tienen voz y que para que se sumen al consenso es preciso haberlos convencido previamente. Con cierta frecuencia para poder persuadir a un país renuente hay que ofrecer algo a cambio.
El consenso también significa que todos los países aceptan las decisiones, es decir, que no hay disidentes.
Es más, las normas comerciales de la OMC resultantes de las negociaciones de la Ronda Uruguay fueron negociadas por los gobiernos Miembros y ratificadas por sus respectivos parlamentos.
Fuente: Organización Mundial del Comercio - OMC.
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Los 146 Miembros al 4 de abril de 2003 y fecha desde la cual son Miembros
Albania 8 de septiembre de 2000
Alemania 1°de enero de 1995
Angola 23 de noviembre de 1996
Antigua y Barbuda 1°de enero de 1995
Argentina 1°de enero de 1995
Armenia 5 de febrero de 2003
Australia 1°de enero de 1995
Austria 1°de enero de 1995
Bahrein, Reino de 1°de enero de 1995
Bangladesh 1°de enero de 1995
Barbados 1°de enero de 1995
Bélgica 1°de enero de 1995
Belice 1°de enero de 1995
Benin 22 de febrero de 1996
Bolivia 12 de septiembre de 1995
Botswana 31 de mayo de 1995
Brasil 1°de enero de 1995
Brunei Darussalam 1°de enero de 1995
Bulgaria 1°de diciembre de 1996
Burkina Faso 3 de junio de 1995
Burundi 23 de julio de 1995
Camerún 13 de diciembre de 1995
Canadá 1°de enero de 1995
Chad 19 de octubre de 1996
Chile 1°de enero de 1995
China 11 de diciembre de 2001
Chipre 30 de julio de 1995
Colombia 30 de abril de 1995
Comunidades Europeas 1°de enero de 1995
Congo 27 de marzo de 1997
Corea, República de1 °de enero de 1995
Costa Rica 1°de enero de 1995
Côte d'Ivoire 1°de enero de 1995
Croacia 30 de noviembre de 2000
Cuba 20 de abril de 1995
Dinamarca 1°de enero de 1995
31 de mayo de 1995
Dominica 1°de enero de 1995
Ecuador 21 de enero de 1996
Egipto 30 de junio de 1995
El Salvador 7 de mayo de 1995
Emiratos Arabes Unidos 10 de abril de 1996
Eslovenia 30 de julio de 1995
España 1°de enero de 1995
Estados Unidos de América 1°de enero de 1995
Estonia 13 de noviembre de 1999
Ex República Yugoslava de Macedonia (ERYM) 4 de abril de 2003
Fiji 14 de enero de 1996
Filipinas 1°de enero de 1995
Finlandia 1°de enero de 1995
Francia 1°de enero de 1995
Gabón 1°de enero de 1995
Gambia 23 de octubre de 1996
Georgia 14 de junio de 2000
Ghana 1°de enero de 1995
Granada 22 de febrero de 1996
Grecia 1°de enero de 1995
Guatemala 21 de julio de 1995
Guinea 25 de octubre de 1995
Guinea-Bissau 31 de mayo de 1995
Guyana 1°de enero de 1995
Haití 30 de enero de 1996
Honduras 1°de enero de 1995
Hong Kong, China 1°de enero de 1995
Hungría 1°de enero de 1995
India 1°de enero de 1995
Indonesia 1°de enero de 1995
Irlanda 1°de enero de 1995
Islandia 1°de enero de 1995
Islas Salomón 26 de julio de 1996
Israel 21 de abril de 1995
Italia 1°de enero de 1995
Jamaica 9 de marzo de 1995
Japón 1°de enero de 1995
Jordania 11 de abril de 2000
Kenya 1°de enero de 1995
Kuwait 1°de enero de 1995
Lesotho 31 de mayo de 1995
Letonia 10 de febrero de 1999
Liechtenstein 1°de septiembre de 1995
Lituania 31 de mayo de 2001
Luxemburgo 1°de enero de 1995
Madagascar 17 de noviembre de 1995
Macao, China 1°de enero de 1995
Malasia 1°de enero de 1995
Malawi 31 de mayo de 1995
Maldivas 31 de mayo de 1995
Malí 31 de mayo de 1995
Malta 1°de enero de 1995
Marruecos 1°de enero de 1995
Mauricio 1°de enero de 1995
Mauritania 31 de mayo de 1995
México 1°de enero de 1995
Moldova 26 de julio de 2001
Mongolia 29 de enero de 1997
Mozambique 26 de agosto de 1995
Myanmar 1°de enero de 1995
Namibia 1°de enero de 1995
Nicaragua 3 de septiembre de 1995
Nigeria 1°de enero de 1995
Níger 13 de diciembre de 1996
Noruega 1°de enero de 1995
Nueva Zelandia 1°de enero de 1995
Omán 9 de noviembre de 2000
Países Bajos - Para el Reino de los Países Bajos en Europa y para las Antillas Holandesas 1 de enero de 1995
Pakistán 1°de enero de 1995
Panamá 6 de septiembre de 1997
Papua Nueva Guinea 9 de junio de 1996
Paraguay 1°de enero de 1995
Perú 1°de enero de 1995
Polonia 1°de julio de 1995
Portugal 1°de enero de 1995
Qatar 13 de enero de 1996
Reino Unido 1°de enero de 1995
República Centroafricana 31 de mayo de 1995
República Checa 1°de enero de 1995
República Democrática del Congo 1°de enero de 1997
República Dominicana 9 de marzo de 1995
República Eslovaca 1°de enero de 1995
República Kirguisa 20 de diciembre de 1998
Rumania 1°de enero de 1995
Rwanda 22 de mayo de 1996
Saint Kitts y Nevis 21 de febrero de 1996
Santa Lucía 1°de enero de 1995
San Vicente y las Granadinas 1°de enero de 1995
Senegal 1°de enero de 1995
Sierra Leona 23 de julio de 1995
Singapur 1°de enero de 1995
Sri Lanka 1°de enero de 1995
Sudáfrica 1°de enero de 1995
Suecia 1°de enero de 1995
Suiza 1°de julio de 1995
Suriname 1°de enero de 1995
Swazilandia 1°de enero de 1995
Tailandia 1°de enero de 1995
Taipei Chino 1°de enero de 2002
Tanzanía 1°de enero de 1995
Togo 31 de mayo de 1995
Trinidad y Tobago 1°de marzo de 1995
Túnez 29 de marzo de 1995
Turquía 26 de